Poderío femenino: Amanda Palmer y The Danger Ensemble en Barcelona
Publicado el Jueves, 19 de Febrero de 2009 por Oscar CasellesViendo el mítico teclado tuneado a lo “Kurt Weill” como único habitante mudo del escenario antes del comienzo del concierto, la noche comenzaba ya con una gran incógnita desde el segundo cero: ¿conseguiría Amanda Palmer igualar en directo con su proyecto en solitario el derroche de emoción e intensidad que caracterizaba a los conciertos de The Dresden Dolls?
Voy a admitirlo: aunque su disco en solitario, “Who Killed Amanda Palmer?”, está lleno de pequeñas joyas, servidora no veía del todo claro cómo iba a suplir en esta nueva etapa de su carrera el virtuosismo a las baquetas y ese gran carisma que aportaba en The Dresden Dolls la otra mitad del grupo, el genial Brian Vigglione. Pero Amanda Palmer no sólo demostró que la dinámica de sus conciertos es distinta a la de The Dresden Dolls, sino que además, lejos de venir estrictamente en solitario, supo rodearse de nuevo de la mejor compañía.
La noche empezaba con la presencia en el escenario casi a oscuras de un violinista y un miembro de la compañía teatral que la acompaña en esta gira, The Danger Ensemble, que parecía dispuesto a ejercer de maestro de ceremonías. Ante un respetuoso silencio de toda la sala, éste último anunció que traía las peores noticias: el concierto no se podía celebrar porque Amanda Palmer acababa de morir. El violinista empezó a interpretar un dramático solo de violín que nos puso a todos el vello de punta, mientras una voz de off informaba de la conmoción que había sacudido al mundo tras de la muerte de la artista, y el resto de los integrantes de The Danger Ensemble, vistiendo a lo steam punk, avanzaban por el escenario solemne y lentamente, como un cortejo fúnebre.
Fue entonces cuando hizo aparición la “fallecida” Amanda, su cara oculta por un velo a lo Novia Cadáver, avanzando hacia el frente de la sala entre el público. Ante la sorpresa de los asistentes, subió al escenario algo desorientada (es lo que tiene estar muerta) con la ayuda de su “cortejo fúnebre”, hasta que sentada al teclado, la línea de violín llegó a un punto álgido, y con Amanda casi desmayada sobre su teclado, le arrebataron el velo y “resucitó” ante nuestros ojos.
Y lo hizo abriendo el concierto con una enérgica interpretación de “Astronaut”, primer corte el disco, que aunque sonó algo más suave al estar apoyado sólo en piano y en el elegantísimo violín, nos emocionó por igual ante una Amanda capaz de pasar de tocar el piano y cantar con la mayor delicadeza posible a dar golpes secos a su instrumento y dejarse llevar por la rabia al segundo siguiente. Vestida valientemente con apenas un sexy corsé con cola de volantes, culotte, botas militares y medias de rejilla, y maquillada con pequeños detalles de estética mimo, desde el principio resultó imposible quitarle la vista de encima. Siguió con Ampersand, de marcado corte intimista y línea de piano especialmente pausada, que parecía augurar una noche personal e introspectiva, casi un recital de autor de piano, alejada del descaro al que nos tenía acostumbrados con el “cabaret punk” de su anterior proyecto.
Pero si hay algo que caracteriza a Amanda, sea ahora o en su época Dresden, es la capacidad de dar giros inesperados a cada concierto, haciendo que no haya dos noches iguales, y lo demostró con su siguiente canción, ni más ni menos que una versión de “My Favorite Things”, de la BSO de Sonrisas y Lágrimas, que sonó pícara y cabaretera. Interesantisimo además el tira y afloja que mantuvo con el violinista en el final del tema, que nos tuvo en vilo a todos los asistentes y en el que gestos y sonrisas dejaron clara la complicidad entre ambos.
Tras esta pequeña delicia inesperada, llego un tema del disco debut de The Dresden Dolls, “Bad Habit”, y al oirla no pudimos evitar tener sentimientos encontrados: llevados por el emotivo in crescendo sin fin que constituye el tema, en algún momento resultó inevitable mirar a la izquierda y echar un poco de menos a Brian junto a ella, redoblando y gesticulando a la batería. “Coin Operated Boy”, de nuevo un tema de The Dresden Dolls, fue seguramente la canción más coreada de la noche por todos los asistentes, y de las más divertidas, con The Danger Ensemble en acción: mientras los chicos, actuando como perfectos novios-robot, ofrecían “besos por dinero”, las chicas de la compañía, vestidas de novia, les perseguían cómicamente por toda la sala intentando mantenerles alejados de Amanda (que, entre risas, se acababa saliendo con la suya, como siempre). El contraste llegó con el siguiente tema, “Strenght in Music”, instrumental al piano que Amanda escribió a raiz de la matanza de Columbine, y durante el cual el violinista leyó respetuosamente una lista de los fallecidos mientras The Danger Ensemble, vestidos como escolares, avanzaban cabizbajos y serios hacia el frontal del escenario, para luego escenificar allí un mudo abatimiento a tiros a cámara lenta que resultó sobrecogedor.
Entre vaso y vaso de vino tinto Amanda se ocupó de mantener una comunicación constante con el público, ganándose su complicidad sin necesidad de aventurarse a hablar castellano (aunque a la de Seattle se le subieron los colores ante los espontáneos gritos de “guapa” que le dedicaron muchos asistentes). Pero lo mejor estaba por llegar, ya que en mi opinión cuando Amanda saca el cien por cien a su espectáculo es en las canciones más movidas y enérgicas, y en ese sentido los temas que siguieron animaron el ambiente como ningún otro. “Oasis”, coqueta y con letra muy polémica al mismo tiempo, que esta noche además ofrecía un guiño del destino ya que precisamente los hermanos Gallaguer estaban tocando en la ciudad, y sobretodo “Runs in The Family”, aceleradísima stravaganzza que para mí es la gran joya del disco y que por momentos recordó por su letra trabalenguas, energía y sobretodo intención a la fantástica “Girl Anachronism”.
Después de la descarga de adrenalina el contrapunto tranquilo llegó con la personalísima “Have to Drive” en la que de nuevo la cantante nos dejó entrever su lado más sensible y melancólico, y en la que el épico final de nuevo nos puso la carne de gallina mientras The Danger Ensemble, vestidos de smoking, se abrazaban con delicadeza como estatuas humanas en el centro de la sala.
El concierto enfiló su etapa final con la emocionante y agridulce “Half Jack”, una demostración más de la increíble calidad de las letras que compone Amanda y de sus dotes interpretativas, las cuales desplegó sin necesidad de levantarse al piano. La anécdota de la noche llegó a continuación, cuando después de saludar al público los miembros de The Danger Ensemble, éstos se dirigieron al fondo del escenario con paraguas abiertos hacia el público y de entre ellos salió Amanda, ukelele en mano, dispuesta a hacer un playback hilarante de la canción Umbrella de Rhyanna, con movimientos sexy incluidos. Con el público aplaudiendo animadísimo, los de la Danger cubrieron a Amanda con sus paraguas y acabaron regando (literalmente) la escena con vino blanco.
Tras despedirse del público, volvió a reaparecer con un bis que consistió en la gamberra “Leed United”, a medio camino entre lo crooner y lo hooligan, con una Amanda utilizando su registro de voz más masculino y macarra y casi aporreando el teclado entre poses desafiantes y burlonas. Parecía que ése había sido el broche final hasta que, cuando ya todo parecía haber acabado, volvimos a verla salir del lateral del escenario, guitarrita de juguete en mano, para terminar cantando entre el público encantado una divertida versión de “Creep”, de Radiohead, y acabar de rematarla subida a la barra de la sala.
Y aunque no sea lo mismo que con The Dresden Dolls, (y probablemente no lo quiera ser), esta noche Amanda ha dejado claro que es una gran artista, y que con ella el espectáculo y la emoción están asegurados.
Fotos: Rosario López














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