Beowulf: me alegro de haberla visto
Criticar al crítico es muy sano, pero jode. Por supuesto. A mí me han dicho, a propósito de este blog, que los posts parecen clases magistrales, que son demasiado herméticos. Estoy de acuerdo y a partir de ahora voy a solucionarlo. La experiencia como crítico intermitente en revistas tiene la culpa. A mí que me registren, y si es guapa, mejor.
Bueno, vamos al tajo. Toca hablar de Beowulf. No es lo último que he visto, pero mis amigos los sesudos se la han cargado y tengo que defenderla. No, la verdad es que no me imagino a Robert Zemeckis y su club de magia (Spielberg, Hanks, Howard, etc.) esperando a que los salve. Estoy de acuerdo. Yo también los veo nadando en kilos y kilos de billetes de muchos dólares. Sin embargo, hay tres aspectos que me engancharon de Beowulf, y que merece la pena reivindicar. Sin orden lógico: la música, el guión y el aspecto visual.
La banda sonora de Alan Silvestri, qué maravilla. Salí del cine como un jabato al son de la música épica que tronaba por mis venas. Una experiencia similar a la que viví con el estreno de Braveheart, Todas las Star Wars y, claro, Conan.
El guión: de veras, si quieres escribir una historia al uso, una arquitrama que la llaman los eruditísimos, tienes que ver Beowulf con boli y papel (o una PDA si quieres ligar con la intelectual de la tercera fila). Todos los pasos del héroe, que se supone que explican el origen de los cuentos más primitivos, están ahí. Si te interesa el tema: Christopher Vogler, Sánchez Escalonilla y Joseph Campbell han escrito obras muy buenas al respecto. El primero actualiza al último, y el segundo te da masticado lo que dice el primero, su El viaje del héroe. Muy interesantes. Prepárate a descubrir en esta película un héroe al estilo del Ulises de La Odisea (el de Joyce, no, por favor): más malo que un dolor, pero con determinación y, cuando menos te lo esperas, con sed de justicia.
Con lo visual me refiero a la concepción del guión. El cine es, reduciéndolo todo al mínimo, un montón de imágenes. Cuanto más visual, esto es obvio, mejor. Pues a eso me refiero. No a la calidad en sí de las animaciones (hay muchos films mejor animados desde hace décadas), ni a esa tontería de poner caras de actores reales en los personajes, ni a si se debe ver en 2D o en 3D. A propósito, en la versión bidimensional, ¿no pensáis que Zemeckis hace un guiño desesperado a las tres dimensiones cada cierto tiempo forzando imágenes que se salen de plano en escorzo? No he visto Beowulf en 3D, pero seguro que le pasa lo contrario, se queda coja en la tridimensionalidad.
Por lo demás, yo creo que hay que ir a ver esta película en un buen cine. Pero rápido, que te la quitan de la cartelera.





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