Calexico en Barcelona
Publicado el Sábado, 24 de Enero de 2009 por Quique López“El concepto es el concepto”; “Muy profesional…”; una y otra vez me vienen estas dos míticas frases de la película de Juanma Bajo Ulloa (Airbag, 1997) para definir lo vivido el martes noche en la Sala Apolo. Un concierto profesional, inmaculado, donde el concepto estaba claro. Calexico.
Sí. Calexico ya es un concepto por sí mismo. Con un branding impecable, se ha convertido en una de las mejores bandas de esto que llamamos…, bueno, de esto que aún no tenemos claro como llamar, pero que es capaz de juntar, en una misma sala abarrotada hasta la bandera, a los más acérrimos fans del son cubano y a toda la generación de fieles del post-rock de los noventa. Éstos se expresan en términos tales como “Ahora sí, cuando se dejan de mariachis y trompetas, mira cómo suenan esas guitarras, sólidas, son muros…”, pero no dejan de bailar al ritmo de ‘Güero Canelo’ mientras cantan “¡I like you mucho, dame un besooo!” . Los primeros, esos que vieron a Compay, que alucinaron con Ibrahim Ferrer, que agotaban los elogios a la trova; pues todos esos no se plantean un final más feliz para sus bailes gozosos que el muro de distorsión del que hablaba antes. Al final, comunión máxima entre unos y otros. Señoritos de camiseta rasgada y carnet del 88 junto mujeres de permanente arreglada en los albores de la democracia. Calexico es de todos y para todos (Salvando distancias con productos patrios e hijas de famosos).
Y he aquí donde, tras alucinar durante casi dos horas de concierto con estos tipos que pusieron 13 guitarras sobre el escenario, uno de los mejores bateristas del mundo y un contrabajo como la copa de un pino (no quiero nombrar las cantidades ingentes de maracas, trompetas, tuba, acordeón, melódica, armónica…); pues esto, que tras alucinar con todo esto, con las salidas a escena de Amparo Sánchez (me sobraron algunas); que tras ver cómo Depedro era uno de más de la banda de Tucson…, pues que me pareció tan profesional que quizá, añoré frescura. Y quien estuvo allí me podrá decir que la hubo, que fue un concierto espectacular, con un ritmo perfecto, llevado de una manera soberbia por estos dos genios ex-Giant Sand. Es posible que tras esta reseña me pueda acabar cabreando con algún amigo (bueno, él conmigo) o, incluso, granjearme alguna de las enemistades más destructoras de la web 2.0. Sí. Pero el concierto, de lo perfecto e impecable que fue, me pareció un trabajo más, correcto. Sí. Hay veces que vas a un concierto simplemente a buscar una interpretación de lo que ves en el disco. Hay veces que lo que buscas en una liberación en forma de ondas sonoras. Otras, las menos, vas a ligar, moviendo el cucu con la chica de al lado. Sí. Y hay veces que vas a ver una de las mejores, posiblemente, bandas del mundo en un recinto que le vino al dedo… y simplemente (se dice pronto) encuentras trabajo, perfección, seguridad…; profesionalidad. Y eso fue. El concierto más profesional que he visto en muchísimo tiempo. Perfecto. Arrollador. Un sonido impoluto a un volumen óptimo (¡Por fin!)… Todo genial. Pero me faltó alma.
¿Tiene que ver con el repertorio? Quizá. ‘Gift X-Change’, ‘Quatro’, ‘Bend to the Road’… ‘Across the Wire’, ‘Roka’, ‘Man Made Lake’ (Quizá la mejor canción de Carried to Dust y un homenaje al ingenio del habitante del oeste americano en general) , ‘House of Vallparaiso’, ‘News about William’, ‘El Gatillo’, ‘Inspiración’… todo esto amenizado con las idas y venidas de Amparo Sánchez, Amparanoia, el continuo “Gracias” y una pose totalmente volcada con el recientemente electo Obama (Se puso chapita y todo el bueno de Burns al final del concierto). También sonaron ‘Not even Stevie Nicks’, ‘Sunken Waltz’, ‘Fractured Air’… y llegamos a un primer bis que, tras hacer sonar ‘Minas de Cobre’ y ‘Víctor Jara’s Hands’ (¿A alguien más le recuerda a Ricki Martin y su ‘Copa de la Vida’?), supuso, con ‘Güero Canelo’ (con ella, 5 canciones de Feast of Wire), el momento álgido de la noche. Como he dicho antes, comunión. COMUNIÓN con mayúsculas. Todos a una tras los pasos de Joey Burns, un tipo con carisma, elegante, guapo, gran músico, excelente cantante… todos a una tras las improvisaciones de Amparo, todos guapos, todos geniales, todos… Eso. Llegados a este punto, hasta el público parecíamos muy profesionales. Los mejores. Cerraron con ‘Crystal Frontier’ y ‘Red Blooms’. Para entonces ya estaba todo dicho. Fue el momento que tuve para recapitular, desde detrás del escenario, lo que había ocurrido. Pasó un anticipo del vendaval del fin de semana. Aquello había sido impresionante y yo, sin embargo, y tras dejarme las suelas de las zapas bailando sin parar y haber disfrutado como un enano, me hice la pregunta clave. ¿Eso fue un concierto de Calexico? Pues, señores, qué profesionales.



































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