La anciana china: Camino a Casa (Wo de fu qin mu qin) de Zhang Yimou
Publicado el Miércoles, 7 de Noviembre de 2007 por Luis Ponce de León ValduezaZhang Yimou nos propone una película sencilla, lenta y suave. Una historia de amor dramática protagoniza el filme en una ambientación de la china rural anterior a la Revolución Cultural.
La historia de un inocente amor campesino se complica en ámbito de la transformación de una forma de vida, la rural. El sufrimiento de Di, en cierto modo representa ese esfuerzo por el cambio. La mentalidad tradicional, profundamente arraigada en el pueblo, choca con la simple concepción del mundo y la naturalidad de Di. Son las viejas costumbres y modos las que se presentan como antagonistas. No obstante, también se muestra la importancia del respeto a las viejas tradiciones aunque no se puedan comprender en un sentido práctico.
La delicadeza con la que Yimou plantea estas cuestiones apenas conduce a una moraleja. Más bien, el director chino prefiere subrayar el aspecto sentimental que provocan estos temas.
Yimou propicia el recreamiento en la magnífica fotografía. Un mismo paisaje de vista panorámica helado o en el esplendor del otoño. El juego con la campiña en primavera o invierno colabora en la emoción de los personajes. Apela a una nostalgia de la riqueza natural en el ambiente campestre. De hecho, ni siquiera aparece la tan mencionada ciudad por lo que hay una agradable continuidad en el paisaje y la grabación en exteriores.
El director chino destaca las labores cotidianas, actividades sin importancia aparente pero son las que ocupan la vida de los personajes. Así, se convierte en gran ceremonia la hora de cocinar, de ir al pozo o tejer un paño. Los protagonistas se descubren en los detalles, en el trabajo o en sus conversaciones. Destaca especialmente la escena del arreglador de cuencos: un oficio que sorprende con su mera existencia y que a la vez es un elemento más, que configura el apacible ambiente bucólico.
La definición de los personajes se apoya en la expresión corporal. Los diálogos son cortos, escasea el contenido. Los gestos, miradas, andares muestran a una inocente, tímida y trabajadora campesina analfabeta. Él, un profesor de escuela novato, ingenuo y torpe en el amor. La relación con los objetos complementa el perfil de los protagonistas: el cuenco, la horquilla, los cubos de agua, etc.
Yimou cuenta una historia sencilla, sin complicadas tramas ni sobresaltos. Consigue reflejar la humildad, la costumbre, el ser de las gentes de la China rural. Un flashback que es un recuerdo de Luo constituye el núcleo del relato. Una rememoración que podía haber sido cualquier otra. El director nos lleva de la mano de Zhao Di desde el pasado hasta la actualidad donde la costumbre tiene que ser explicada, perdiendo así su sentido. Di representa la supervivencia de ese amor, de esa forma de ser que acaba con la candorosa incomprensión de su hijo, que pertenece a otra China.





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