El rock’n'roll de Chris Isaak seduce Barcelona
Publicado el Domingo, 4 de Julio de 2010 por Ana NúñezAlgunos manteníamos un recuerdo un tanto difuso de lo que supuso Chris Isaak en los años 80 y 90. Con grandes pinceladas de Elvis, la sacudida nostálgica de Johnny Cash y algo de melodrama al más puro estilo Roy Orbison, el californiano ha sabido hacer frente al paso de los años con una rejuvenecida imagen de sí mismo. Y no sólo por sus 54 años tan bien llevados, sino más bien por la madurez artística que dispone en el escenario. Su música suena a lo de siempre; exactamente lo que se espera de él, pero la apariencia, la energía y el espectáculo que arrastra en su gira son destellos de un auténtico veterano del espectáculo.
El Auditori de Barcelona se presentó, el pasado miércoles, como el escenario más ‘rockandrollero’ de los últimos meses. Los simpáticos vallisoletanos Arizona Baby volvieron a la ciudad condal para hacer de las suyas. Javi Vielba, Rubén Marrón y un Marcos en bajo estado de salud, ofrecieron una grata apertura de la noche con algunos de los temas de su último disco ‘Second to One’ (Subterfuge, 2009). Media hora no dió para mucho pero fue suficiente para discurrir por la senda del desierto a lomos de Ouch!, The Truth, A Tale of the West, Dirge, Shiralee y Everything, perteneciente a su primer trabajo. Breve pero intensa aparición ante un ajeno y hueco Auditori, más expectante quizá a la aparición de la estrella de la noche.
Y entonces llegó él. Enfundado en un elegante traje azul imposible de plagiar, Chris Isaak, acompañado de su fiel banda, inauguró el espectáculo nocturno con Lonely with a broken heart. Le siguío una balada, Dancing, y Two Hearts ante la que el público respingó de sus asientos al reconocer uno de los temas de la noche. Somebody´s Crying, de su disco ‘Forever Blue’ (1995) dió paso a una advertencia para los allí presentes: ‘This is gonna be a rock’n'roll show’ (éste será un concierto de rock and roll). Y así sería.
Para sorpresa y alegría de sus fans, Chris Isaak se animó a versionar Love me, tender, de Elvis Presley. La respuesta fué un alarído unánime al ver que el astro mediático saltaba del escenario para recorrer todo el auditori, incluído el segundo anfiteatro. Fueron algunos de éstos momentos los que evidenciaron las tablas del artista que, conocedor de la sensación que desprende su imagen, no dudó en congratular a su público con unos pasajes para el eterno recuerdo.Y el público respondió. I want your love levantó a todos de sus localidades a ritmos de rock’n'roll para poco después disfrutar de los increibles falsetes que sólo Isaak es capaz de reproducir en canciones como Cheater`s Town, perteneciente a su último trabajo, ‘Mr.Lucky’ (Reprise Records,2009). Speak of the devil dió paso a una de las canciones más esperadas de la noche; Wicked Game, merecedora, sin duda alguna, del enmudecimiento general como signo de deleite personal.
Del azul cielo al brillante plateado
El resto de la velada siguío su desarrollo perfectamente calculado y acompasado; a ratos interrumpido por intervenciones del artista que bromeaba con los miembros de su banda o despertaba la mirada del público con una tremenda energía plasmada en coordinadísimas coreografías. Su voz permaneció intacta y realmente sobrecogedora durante toda la exhibición, seduciendo a los allí presentes con canciones como Go walking down there, Best I ever had, One day, Big wide wonderful world, Worked it out wrong, We lost our way o Take my heart. También hubo tiempo para versionar La tumba será el final, de Flaco Jimenez, y I´ll go crazy, de James Brown, tras la que representó otras de sus grandes compilaciones: Forever Blue, el salvaje y canalla Baby did a ba thing y la melancólica Blue Hotel, para la que optó por un relumbrante traje plateado, igualmente imposible de imitar.
El espectáculo parecía estar a punto de acabar pero aún hubo tiempo para San Francisco days, una versión de Oh, pretty woman, de Orbison, Blues stay away from me , Blue spanich sky y otro de los momentos mágicos de la noche; cuando anima a la gente del público a subir al escenario y condecorar la espectacular reunión con un baile multitudinario. Realmente hechizante.





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