Anna Calvi en Heineken Music Selector: Sala KGB, Barcelona
Publicado el Domingo, 25 de Septiembre de 2011 por Rosario LópezA Anna Calvi se la ha comparado con tantos artistas y cantautores de renombre que había una gran expectación por presenciar por nosotros mismos qué personalidad destilaba en directo esta londinense de ascendencia italiana. Y tras verla en concierto en la Sala KGB de la mano de Heineken Music Selector, sólo podemos rendirnos ante la evidencia de que esta chica aparentemente tímida es en realidad un fenómeno que está muy por encima de comparaciones y de hypes.

El despliegue de feeling y de virtuosismo en directo resultó evidente desde las misteriosas notas de la inicial Rider To The Sea, que pronto pasó a apoderarse de la atención del público como una mágica marea. Pero esa poderosa sensación no hizo más que multiplicarse exponencialmente con cada nuevo tema que desgranaba con su guitarra y sobretodo con una voz portentosa como pocas en el panorama actual. Y no me refiero sólo una cuestión de técnica (increible cómo a veces cantaba sin siquiera abrir la boca, como en un arrullo creciente desde la garganta): lo suyo era un derroche de pasión por la música, un entregarse por completo con cada fraseo como si fuera la última vez que fuera a estar sobre un escenario. Acompañada tan sólo de Daniel Maiden-Wood a la batería y de la multiinstrumentalista minimalista Mally Harpaz, le bastaron apenas dos canciones para aislarnos completamente del mundo exterior y que nos dejáramos arrastrar por su incontenible talento.
Bien es cierto que en directo, en temas como I’ll Be Your Man pude entender las comparaciones al intuir atisbos de la PJ Harvey más oscura, y que en Morning Light, se llegó casi a sentir la magia y el pulso del inmortal Jeff Buckley. Pero con su seductora y segura personalidad sobre el escenario y el particular uso de voz y guitarras, Anna en seguida dejó claro que esos detalles eran más una cuestión de influencias que una falta de personalidad, y que su estilo es tan personal como honesto.
La fiereza con que defendió su arrebatadora Jezebel encendió al público como pocas, con la sensualidad de Love Won’t Be Leaving y el deje clásico vocal en Suzanne and I nos dejó boquiabiertos, los perfectos himnos pop Blackout y Desire nos pusieron una imborrable sonrisa en la boca… una noche llena de emociones de la mano de una artista de raza llamada a engrosar las filas de los más grandes.

Crónica y fotos: Rosario López





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