Bart Davenport en Barcelona
Publicado el Lunes, 2 de Marzo de 2009 por Quique LópezQué gran noche la de aquel año. Recuerdo entonces a Miguel Ríos y sus pantalones de campana. Sus gestos y todo ese glamour que creíamos que le acompañaba. Y qué noche la de este año, la del viernes 20 de febrero para ser más exactos. Y aún no sé por qué he nombrado a Miguel Ríos para introducir a este grandísimo comediante, musicazo, actor, frontman, soulman, songwriter y no sé cuántas etiquetas más…, pero todas, en serio, buenas. Un grande, con mayúsculas, para la noche del viernes. Para una noche que no olvidaremos… ¡Ah, sí! Ya sé por qué nombré a Mike. Por los pantalones de campana de Bart.
Y ahí estábamos unos cuantos. Recuerdo mi primer intervalo de 5 minutos. Descorazonador. Habíamos quedado en ver un conciertazo y, para variar, llegamos pronto y no éramos más de tres en la sala. La de al lado, la grande, Apolo, tenía a Lordi. Los porteros de La [2] se aseguraban de que entrábamos al concierto correcto. La frase de mi compañera fue esclarecedora; “A Lordi, no”. Supongo que aquello fue bueno, y dejó detalles, y supongo que a la gente que iba a verlo, pues fliparía pepinos. Seguro. Pero lo que nos íbamos a encontrar en el escenario pequeño era, simplemente, brutal. Antes, unos La Brigada que, de verdad, merecieron mejor suerte. Sólo por saberse todas las canciones de Bart Davenport, el cantante ya tenía un hueco en mi corazón. Cuando quedaba poco de su actuación, y poco a poco iba llegando gente hastiada del horario europeo y ellos habían dejado claro que estuvieron en el concierto de Mudhoney en el 96, presentaron a su partenarie durante dos latigazos tan soul como elegantes. Bart salió, cogió el micro, bailó, fulminó el helor, nos predispuso. Cantaron ‘Euphoria’, se movió por el escenario, culebreó, gesticuló, alumbró la luna, sonaron vientos y cuerdas, había alma; “Keep on moving, keep moving on… so Beautiful, even you…” Nos puso un caramelo entre los dientes para luego avisarnos de que su concierto iba a ser otra cosa. ¡Pero, qué gran cosa!
Un setlist basado en dos de sus largos, Maroon Cocoon y Palaces, abriendo con ‘Come on Let’s Go’, ‘Dangerous one’, ‘Yerba buena’, viajando a ‘Sweetest Game’ y diciéndonos cosas sobre ‘A young one’. Un hitazo de los buenos, balada soul que al ser tocada únicamente con su guitarra acústica suena al oeste californiano. Mientras, se quita la chaqueta a lo Travolta, adviertiéndonos de que si el show nos está gustando, nos tenemos que quitar la ropa; al menos eso le habían dicho que pasaba en Barcelona. Eso, empezaba él. Sin prejuicios. Y no los puede tener porque entonces llega ‘Jon Jon’, canturrea “papapapapapa, parara…” (quizá su acercamiento más lúcido a los compañeros de fatigas y shows comandados por Erlend Øye, Kings of Convenience) y todos nos derretimos, nos emocionamos, le damos palmas, disfrutamos, gritamos… En fin, nos acordamos que estamos en un conciertazo. Porque eso era un señor concierto de un tipo peculiar, que alguna lo relacionaba más con un personaje de The Big Bang Theory que no con un geniecillo de la música pop contemporánea. Suena a sol y a buen tiempo. Incluso en este directo desnudo de instrumentos, acompañado de las seis cuerdas y una voz muy bien afinada, Bart Davenport nos iluminó el camino del bienestar. Buen rollo, compañerismo, amistad. Y sólo estábamos bebiendo Ginger Ale y en ese momento, gracias al californiano, nos pareció la bebida más elegante de la historia del copeteo. Comunión total, le llaman algunos.
Para terminar, coletazos de pop y amor, dos bises y una última petición del público. ‘Clara’. La iba a tocar seguro, pero daba igual. El público la pedimos y él la tocó. Pronunciar un nombre tan español de la manera que lo hace él puede resultar cómico. Suena el arpegio. Introduce el tema. “Give me a moment to say how i feel… Ready or not this time i think… I love you, Clauuuura…”. Se nos olvida la pronunciación. Todos lo hacemos igual. Nadie dice “Clara”. Todos gritamos “Clauuura”. Y lo mejor de todo es que todos queremos ser queridos por este señor. Todos queremos ser Clauuuura.



















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