Demoledores Biohazard

Si ya de por sí era esperadísima la visita a la ciudad contal de los neoyorkinos Biohazard en la gira de su 20 aniversario, la expectación se hizo mayor aún cuando poco antes del concierto nos enterábamos de un cambio de sala inesperado, de Razz 2 a Razz3. Independientemente de las razones que motivaran el cambio, lo que está claro es que los incondicionales del grupo se empezaron a frotar las manos ante la oportunidad de ver a una incontenible “fuerza de la naturaleza” como Biohazard de bien cerca por lo reducido de la sala Razz3.

No es de extrañar pues que antes del comienzo de la actuación de los segundos teloneros de la noche, los canadienses Comeback Kid, la sala ya fuera un hervidero, y que se apretujara desde la primera fila a las paredes de la sala un público tatuadísimo y con ganas de liarla en honor a Evan Seinfield y los suyos.

Pero antes tuvieron su momento de gloria los ya mencionados Comeback Kid, que supieron caldear el ambiente y meterse a la mayor parte del público en el bolsillo con su hardcore punk peleón y reivindicativo y la solvencia instrumental y vocal de la que hicieron gala. Un par de canciones les bastaron para que las primeras filas se entregaran completamente cada vez que el cantante Andrew Neufeld se acercaba al público y les instaba con sus gestos desafiantes a que corearan sus temas e hicieran pogo. Energía, cohesión y canciones-himno de sus dos últimos trabajos nos dejaron muy buen sabor de boca.

De todas formas estaba claro que el gran espectáculo iban a darlo Biohazard quienes, lejos de defraudarnos, sobrepasaron las expectativas de todos los presentes a juzgar por las caras de alucine de a quienes tenía alrededor. Y es que bastó que sonara la primera nota de “Urban Discipline”, que abrió el set, para que se desatara una especie de terremoto en el sentido más literal del término. Mientras rugían las guitarras a un volumen descomunal y el grupo saltaba como loco por el escenario, a los que estábamos en el público nos pareció por un momento que el suelo de la sala cedía bajo nuestros pies. El crowd surfing y unas primeras filas que parecían una verdadera batalla campal, así como el insoportable calor, no nos lo pusieron muy fácil para hacer las fotos, pero verse inmerso en ese ambiente de pura pasión por la música bien valía el esfuerzo.


Con Billy Graziadei como principal foco de atención, ya que con su arrolladora presencia no paraba quieto entre piruetas y saltos y se nos echaba encima al público con su guitarra continuamente, llegando incluso a hacer crowd surfing durante buena parte de un tema mientras seguía tocando y gritando, la banda supo mantener una intensidad sonora y una actitud provocadora y auténtica que fue en todo momento a más durante la actuación. Todos los miembros del grupo estuvieron fantásticos: Evan en gran forma vocal y pasándoselo bien a todas luces, muy comunicativo con el público; Danny Schuler implacable a las baquetas, Bobby Hambel aguantando muy bien el tirón a pesar de que ante el calor reinante el agua para el grupo se acabó y tuvo que pedir más a la organización.

En definitiva, un concierto memorable con un público entregadísimo y un grupo a mil revoluciones por minuto y encantado con el frenesí que su directo había desencadenado. En el setlist lucieron especialmente temazos como “Scarred for Life”, “Business” (con Billy genial gritand los coros), “How It Is”, “Survival of the Fittest” o “What Makes us Tick”.

Una actuación que duró una hora y poco pero cundió sobremanera: una noche sudorosa y ardiente en la que acabar hechos polvo y con zumbidos en los oidos valió la pena.

Crónica y fotos: Rosario López

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