Yann Tiersen, más allá de Amélie
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El pasado martes el multi-instrumentalista y virtuoso compositor Yann Tiersen volvió a visitar con su excelente banda una sala Razzmatazz que había colgado el cartel de entradas agotadas. Fue una noche que seguramente será recordada por muchos como fantástica y memorable a nivel musical, pese a que se viera desafortunadamente empañada por la desafortunada actitud completamente irrespetuosa de un buen sector del público.
La noche comenzaba prometedora con el cantautor inglés Matt Elliott que rompía el hielo sobre el escenario con un set de canciones con desarrollos largos y elaborados en el que coqueteó con instrumentos de viento y demostró sobretodo su destreza a la guitarra acústica, llegando incluso a tocar dos guitarras a la vez. Con su voz profunda y personal, empleando loops de sus propios instrumentos y de su voz que iba grabando sobre la marcha y que “disparaba” con asombrosa precisión, en algunos temas de su intimista propuesta se notaba una cierta influencia del folkore griego, aunque hubo guiños puntuales incluso a la mejor guitarra flamenca. Por desgracia a pesar de que gran parte del público demostró estar disfrutando la actuación, durante la misma ya se empezó a adivinar el que iba a ser el mal endémico de la noche, cuando se hizo evidente el cada vez más molesto ruido de fondo de aquellos que que parecían haber ido al concierto “para figurar” y que no estaban prestando atención a lo que sucedía encima del escenario, y hablaban a voz en grito, como si estuvieran en un bar cualquiera.
Para cuando Yann Tiersen y su banda aparecieron en escena, la sala era ya un hervidero, llena hasta la bandera, y la expectación era evidente. Personalmente yo estaba deseosa de escuchar de nuevo su vertiente más rockera, cada vez más protagonista en su carrera como ya habíamos podido advertir en sus anteriores visitas a nuestro país. El primer tema fue ya toda una declaración de intenciones sobre lo que acabaría siendo el concierto, y es que la elegida fue “Countdown”, reciente tema instrumental y sobretodo muy guitarrero que se fue apoderando de la sala disimuladamente hasta acabar en un emotivo crescendo de distorsiones y guitarras saturadas.

Yann Tiersen lleva años demostrando con cada nueva actuación que su música va mucho más allá que la célebre banda sonora de Amelie con la que tantos le descubrimos, y que sus preferencias actuales están más cerca de la experimentación sin complejos con géneros como el post-rock, la chanson francesa y el indie-rock que de las melodías pristinas de acordeones y violines de sus composiciones para el cine. Así lo demostró con un setlist imposible de encasillar, con mucho material inédito de su próximo álbum, “Dust Lane”, en el que se alternaban los temas de corte indie con otros más oscuros o más folkies, y donde se presentaron muchos temas hasta ahora Por ejemplo, con la luminosa y preciosista “Ashes”, recordaron en intención y ejecución (con esos acertadísimos coros femeninos) a Arcade Fire. En temas como “Le Train” resurgía en cambio su querencia por la música tradicional con esa preciosa melodía folkie de violín que nos puso primero la carne de gallina y luego acabó haciéndonos bailar. Otros grandes temas interpretados fueron la melancólica y delicada “Kala”, en versión instrumental; “Dark Stuff”, que haciendo honor a su nombre sonó especialmente oscura y nos envolvió en una espiral de rápidos rasgueos y misterio, “La Terrasse”, alegre y enérgica joya pop cantada en francés, o “Palestine”, con la cual los sintetizadores, el ritmo y un coqueto xilofón nos dejaron a todos una gran sonrisa. La banda que le arropaba en todo momento estaba compuesta por el propio Matt Elliott y otros músicos multiinstrumentalistas que contribuían con coros o recitando y dominaban los teclados que los sintetizadores, las guitarras y el bajo eléctrico que la batería, el xilofón, o la clarina.
El concierto estaba siendo impecable pero algunos parecían empeñados en intentar amargárnoslo al resto. Creo que de nuevo eran muchos los que no se habían informado debidamente sobre qué iban a ver y habían acudido al concierto con escuchar canciones de la banda sonora de Amelie y similares como único aliciente. Lo que no es normal es que al encontrarse en un concierto con un setlist que no se adaptaba a sus (a todas luces equivocadas) expectativas personales, la mayoría de esos “despistados” optaran por pasar el rato hablando, llegando a molestar a quienes sí estábamos por la labor de disfrutar de un concierto que estaba siendo, por otra parte, magnífico. En ocasiones incluso, en los pasajes más minimalistas o instrumentales, se oía más el murmullo generalizado de parte del público que la música en sí. Una pena que haya gente tan poco respetuosa con quienes les rodean y tan poco receptiva a los cambios naturales en la trayectoria de todo gran artista, personas que no sean capaces de escuchar con la mente abierta y dejarse emocionar por una canción que sea nueva para ellos: ellos se lo pierden. Este fenómeno se vio muy claro al llegar el momento en que Yann interpretó la deliciosa y vieja conocida “Sur Le Fil”, sólo con su violín: no mentiría si digo que fue el único momento en que por fin hubo un cierto silencio y todos estuvieron pendientes de cada nota. Por supuesto la canción bien valía ese silencio respetuoso… pero ni más ni menos que el resto del setlist.
Y así fue como se enfiló el tramo final del concierto con la gamberra y dulce “Fuck Me”, para acabar llegando al fin de fiesta con una mágica versión bailable de “Le Vals d’Amelie”, guiada por sintetizadores y violín, que nos dejó en lo más alto de una cumbre tan incontestable, ensordecedora y épica que nos fuimos todos a casa con la impresión de que en noches como ésta, el mundo es un lugar poco más bonito.
fotos: Rosario López




























Martes, 17 de Noviembre de 2009 a las 10:41
busco entradas!
Martes, 17 de Noviembre de 2009 a las 16:43
ENTRADAS AGOTADAS
Miércoles, 18 de Noviembre de 2009 a las 12:54
Ni si quiera para la venta anticipada???