Jonathan Richman en Barcelona
Publicado el Viernes, 20 de Marzo de 2009 por Quique LópezNos dimos cita en la sala grande del Apolo para, exactamente, no se sabe qué. Lo normal era ir a un concierto, sobretodo cuando lo tienes así indicado en tu agenda. Pero es que nuestro frontman, al que íbamos a ver, a venerar, a ayudar a ayudarnos a ser un poco más felices… ese era Jonathan Richman y, claro, nunca se sabe qué puede pasar en un concierto de Jonathan Richman.
Así que allí estábamos. Un ambiente un tanto desangelado al principio, compañeros de fatigas corriendo y nerviosos por si no cogían sitio, apuntando dónde querían ponerse, situarse, para poder apreciar en todo su esplendor al de Massachusetts. Pero eran las 20.15. Y, claro, eso en Europa está muy bien, pero en España es como un poco pronto, ¿no? Por lo tanto, y quizá por esto, el Apolo no se llenó, aunque estaba programado para La[2] y lo pasaron a la grande, previendo la afluencia masiva. Nada. España es diferente. Y eso que a mí me acompañaron gracias a que el concierto no iba a terminar muy tarde…
En fin, que sale Jonathan Richman y su sempiterno compañero de fatigas, Tommy Larkins. Uno con su guitarra española, el otro se sienta en su batería “de juguete”. Y empezamos. ‘Egyptian Reggae’. La gente sonríe, disfruta y ya, en la segunda, sabemos que nos lo vamos a pasar muy bien. ‘¿A qué venimos sino a caer?’. La frase de la noche, vaya. “¿A que venimos, si-no a fraca-a-saaaar?”. Después de esto, nada que objetar. Algún baile excéntrico, cuanto menos, que Jonathan siempre regala; miradas furtivas al público, conatos de arpegios flamencos. Un repertorio basado en sus álbumes Because His Beauty Is Raw and Wild y ¿A qué venimos sinó a caer?. Sonaron ‘Egyptian Reggae’ y ‘¿A qué venimos sino a caer?’, como ya he dicho, pero también ‘In Che Mondo Viviamo’, ‘Because Her Beauty Is Raw and Wild’, ‘Des printemps des amoreux est venue’, ‘Es como el pan’, ‘Yo tengo una novia’, ‘Cosi Veloce’ (con esta, mi amigo Peppe no paraba de gritar como un poseso); italiano, español, francés, inglés. Alguien dudaba de si se arrancaría en catalán, también. Y las típicas peticiones del público. La primera, en la tercera. Gritaron “¡Pablo Picassoooo!”. Y Richman dijo “Ok”. Y tocaron ‘Pablo Picasso’. Mitad en español, mitad en inglés. La otra gran petición se hizo casi al final. “¡Vampiresa, Vampiresa…!”. Ésta estaba más clara que iba a caer. ‘Vampiresa Mujer’. También en español, “está feliz, esta normal, trabaja por la industria sexual…”. Terminó con ‘Ha muerto la rosa’.
Para entonces ya estaba todo dicho. Bueno, desde el inicio, el concierto estaba vendido. El pescado, quiero decir. Todo. Porque dudo que haya muchos geniecillos a los que se les ocurra decir que “por favor, no se fume, pues tuve un problema con mis cuerdas vocales…”, en mitad de un concierto, y la gente le haga caso como harían con sus madres, sin rechistar, sin decir ni mú. Apagar cigarrillos y disfrutar de todo lo que nos tiene que ofrecer. De todo lo que nos tiene que enseñar en todos los idiomas que se nos ocurran, incluído su imperfecto castellano. Escuchar frases como “No so much to be loved as to love” con la que terminaba ‘Vampiresa’ suponen un soplo de aire no fresco, sino muy muy fresco, ahora que viene el calor, en una tarde, que no noche, de martes semanal; sin su presencia, habría sido una más. Pero, ¡qué suerte tuvimos de estar con él!. Con todos ustedes, Jonathan Richman.


























Últimos comentarios