Manel se hace grande fuera de Catalunya
Publicado el Viernes, 18 de Noviembre de 2011 por Ana NúñezNo fue su primera noche en Bilbao. Pero seguramente fue la de mayor asistencia en la ciudad del Nervión, y eso no es algo que cualquier grupo catalán, que canta simple y llanamente en catalán, pueda decir a día de hoy. Sobre todo teniendo en cuenta que actuaron un miércoles.
‘Es un enorme placer tocar tan lejos de casa y que venga tanta gente’.
Guillem Gisbert (voz principal, guitarra, armónica y ukelele) y sus tres compañeros de fatiga; Roger Padilla (guitarra y voz), Martí Maymó (bajo, clarinete y voz) y Arnau Vallvé (percusión), demostraron el pasado miércoles en Bilbao que la lengua es una barrera ficticia que la buena música no entiende. La gente que acudió a la cita en el Kafé Antzoki (alguna de ella catalana, obviamente, pero no todas ), asistió para disfrutar de un pequeño pero suculento repertorio…tan aplaudido y tan positivamente valorado por la crítica musical, que se convirtió en un evento tan suculento como para acercarse a verlo y comprobarlo in-situ.
Formales, sencillos y armados con sus instrumentos musicales, los cuatro soldados de infantería ligera iniciaron su repertorio con El Miquel i l’Olga tornen. A lo largo de una hora y 45 minutos abordaron todos y cada uno de los temas de su último trabajo ‘10 milles per veure una bona armadura’ (2011), intercalando algunas de las mejores canciones de su primer disco ‘Els millors professors europeus’ (2008). Sorprendieron gratamente a su público con las que seguramente sean los temas más exprimidos de su primer trabajo; En la que el Bernat se’t troba, Al mar! y las quizá menos exitosas pero, para una allí presente, igualmente exquisitas Captatio Benevolentiae y Cerámiques Guzmán. A destacar, también, del resto de su repertorio Benvolgut, Boomerang, Aniversari y La gent normal (versión particular de Common People del grupo británico Pulp)
Teniendo en cuenta su ligera mochila discográfica (sus dos trabajos no suman más de 100 minutos de duración), el cuarteto catalán compensó este aparente inconveniente con una teatral puesta en escena que resultó fascinante y que, sin lugar a dudas, convierte a la figura de Guillem en un excepcional cuentacuentos. Dotó a ciertas canciones de un halo mágico, épico y algo infantil que incrementaba la curiosidad del público por saber qué tema iban a tocar. Quizá criticaría la velocidad de su oratoria, que unida a su marcado acento catalán y a la limitada acústica del lugar impedían que se entendiese con claridad. Pero, aún así, la intro de Ceramiques Guzmán resultó bastante simpática; la de La canço del soldadet, entrañable; mágica, como era de esperar, la de Aniversari y épica la que cerró la velada tras dos vueltas al escenario, Deixa-la, Toni, Deixa-la, a la que el público sumó sus esfuerzos vocales como un gran coro agradeciendo el esfuerzo de un grupo que, pese a su excesiva pero entendida rigidez en el escenario, conquistó Bilbao con un carácter propio y un trabajo bien hecho.





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