Vetusta Morla en Barcelona
Cuando un grupo cultiva su obra con tesón, ilusión y talento, no puede sino recolectar una buena recompensa por ello. Un premio que en la vida de los madrileños Vetusta Morla se ha traducido en un exitoso disco, Un día en el mundo, con varios galardones, una gira de casi dos años repleta de conciertos y un público fiel a su música que no vacila a la hora de abarrotar cualquier recóndita sala en la que ellos actúen.

La exhibición de la noche del pasado viernes, día 23, en la sala Razzmatazz de Barcelona no fue más que la confirmación de la permanencia en un trono que se le empieza a quedar pequeño a los de Tres Cantos. Puntuales a su cita, no empezaron solos. Los primeros acordes de Autocrítica estimularon las ganas de los asistentes por corear todos aquellos temas que han aportado frescura a un panorama con pocos, pero cada vez más frecuentes, atisbos de creatividad.
La noche se preveía intensa. Mi habitación favorita destapó tornadizos ritmos a los que Pucho, voz principal, respondía zarandeando el micro con la capacidad que tiene un niño de responder impulsivamente a sus primeros estímulos. Manos de los asistentes en alza, Un día en el Mundo desveló a un virtuoso Jorge González (percusión y programaciones) capaz de agitar la pandereta con una mano, alcanzar el teclado con la otra y sostener la baqueta entre sus dientes. Pero no fue hasta la primera intervención de Pucho “Bona nit a tothom…”, entregado a su público con un catalán más que agradecido, y posterior entrada en el íntimo clima de Copenhague, cuando el público despertó de su momentáneo sosiego. La capacidad de Juan Manuel Latorre (guitarra y teclados), Guillermo Galván (guitarra y coros), Álvaro B.Baglietto (bajo), ‘El Indio’(batería y coros), Jorge González y Pucho de mimetizar este gran tema arrastró el alma de los allí presentes hasta el concierto esperado, aquel en que todo fluye de forma natural, casi familiar. A partir de entonces recorrieron el resto del galardonado álbum sorprendiendo con algunas variaciones rítmicas en temas como La Marea, con alicientes álgidos en una canción fundada para la laxitud del alma, una más percusionada Valiente, motor anímico para el grupo, o el viso acústico de Pequeño desastre animal, incluyendo entre estas dos últimas canciones Los Buenos.
El canto al unísono de “lalalalala,lalalalalala, lala” de Saharabbey road provocó el retorno del sexteto tras un pequeño descanso. El perfecto diseño lumínico acompaño la tenue sonoridad de Al Respirar, no así el sonido que en el primer tramo del concierto pareció no ajustarse a lo exigido por su contexto. Rey Sol evidenció los sentidos, no sólo del público, sino también de los protagonistas de la noche ya despojados de la inicial compostura y saltando a compás con sus instrumentos convertidos en una segunda piel. Cabe destacar un nuevo matiz creativo gracias al importante despliegue instrumental en los directos, claro reflejo de un grupo disconforme con el estancamiento y amigo de congratular a su público con nuevas y frescas apariciones. Ejemplo de ello, la percusión convertida en bidones en el temazo La cuadratura del círculo. Año nuevo como último tema de la noche quizá dejó un sabor agridulce en un público que ciertamente esperará a que el nuevo disco de Vetusta Morla vuelva a despertar el anhelo de nuevos y esperados aires de frescura musical.
Futuro
Ahora sí. Ha llegado el momento de darse un respiro, pero no sin antes agradecer a su público el ánimo demostrado. Tras otra actuación, con entradas agotadas, para el sábado 24 en la misma Razmatazz, el conjunto madrileño pasará por Donosita (día 29), Vitoria (día 30) y culminará su viaje con varios conciertos en las salas madrileñas que les vieron crecer: Sala Sol (3 de noviembre), Sala caracol (miércoles, 4), café La Palma (día 5), La Riviera (día 6) y el teatro Joy Eslava el sábado, 7 de noviembre.
Tras este largo viaje sólo nos queda indagar en el futuro disco. No es mucho lo que sabemos de él pero los últimos conciertos han sido un inmejorable escenario para meditar los nuevos sonidos que el grupo madrileño maquina en sus previsiblemente escasos momentos de soledad. En el concierto del pasado viernes pudimos experimentar con Boca en la tierra, candidata a ser una de las baladas más coreadas de su próximo disco, la más mestiza Maldita Dulzura, de aires coloristas, festivos y de marcado son mexicano o Vida no hay mucha, con una sonoridad y un ritmo que podrían entrar dentro de los cánones de Coldplay. Conjeturas insanas aparte, exceptuando su hasta hora desconocida Bla, bla, bla (me atrevería a asegurar que se llama así), tema algo apresurado para mi gusto, la previsión de éxito de un próximo disco es alta pero, sobretodo, nos libera a muchos de los malos presagios hacia un futuro más comercial o estanco.
Fotos de Xavi Torrent




































Miércoles, 28 de Octubre de 2009 a las 20:27
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