Tocados por un ángel: ANNEKE VAN GIERSBERGEN vuelve a Barcelona.
Publicado el Martes, 29 de Mayo de 2012 por Rosario LópezA Anneke Van Giersbergen todos la conocimos como la angelical cantante de la banda metal The Gathering, pero tras cinco discos nada menos ya publicados desde que se embarcara en su aventura en solitario, está claro que hay vida después de The Gathering. La semana pasada estuvo en Barcelona en la Sala Razzmatazz 2 para demostrarnos de nuevo que tiene mucho que ofrecer por su cuenta y que su voz está por encima de estilos y etiquetas.
Los encargados de abrir la noche para un público aún algo escaso fueron Kill Ferelli, una joven banda holandesa con la rockera cantante Kelly Kockelkoren al frente. Durante su corto set derrocharon buenas dosis de energía, ya que fueron creciéndose tras unos comienzos algo titubeantes y hasta tuvieron momentos en que vislumbramos atisbos de los mejores Paramore. Aunque alternaron baladas pop-rock con temas más rockeros, es en estos últimos, como Blush, donde la frontwoman se desmelena más y donde su propuesta musical resulta más atractiva.

La segunda banda invitada fueron los alemanes Frames que dotaron de variedad a la noche con su rock instrumental de desarrollos progresivos, próximo al post-rock que caracteriza a bandas como sus compatriotas Long Distance Calling o Explosions in the Sky. Su juventud y el hecho de ser bastantes desconocidos por el público no les impidió ofrecer un concierto muy contundente y con un cierto toque épico, que sólo se vio lastrado por algunos problemas de sonido a mitad de su actuación. Sin duda una banda que recomendaría a los amantes del rock instrumental más emotivo y elaborado.

Llega el turno de comentar la actuación de Anneke Van Giersbergen, que apareció ante un público entregado de antemano, sabedor de que nos aguardaba un gran espectáculo, una noche llena de emociones.

Quizá no esperábamos que Anneke nos diera directamente en el corazón con el primer tema, pero lo hizo con su vitalista y alegre I Feel Alive, primer single de su último disco, Everything Is Changing. Fue su manera de demostrarnos ese ángel especial que tiene, su capacidad de cantar entre sonrisas emocionando como la que más. Con su siguiente tema, la también nueva My Boy, siguió sorprendiéndones con lo fácil que siempre hace que parezca alcanzar las notas más difíciles, sin dejar de conectar con el público con gestos simpáticos y miradas cómplices. De todas las veces que la he visto en directo, quizá sea ésta la que más madura como artista y más a gusto he visto a Anneke, algo que se notaba especialmente con temas como Take Me Home, quizá más cercanas que nunca al pop-rock más comercial pero que interpretaba tan de corazón y con semejante frescura que uno no podía más que rendirse a su encanto.

Pero no todo podían ser nuevos temas, y también hubo momentos para los temas más introspectivos de su discografía, como la delicada Beautiful One, herencia de su etapa con Agua de Annique, que fue uno de los momentos más bellos y escalofriantes de toda la noche, uno de esos momentos en que sólo había miradas para Anneke, y en que no había palabras para describir los efectos de su voz en nosotros. La siguió Fury, para en seguida pasar a un registro más rockero y animado con You Want to Be Free, del nuevo disco, seguida de Circles y de una desconocida versión del grupo Chocolate Genius, Down So Slow, con la que Anneke demostró atreverse con todo y dar perfectamente la talla en un registro más jazz que al que nos tiene acostumbrado.

Fue entonces cuando llegó uno de los mejores momentos de la noche: ya desde la primera nota el público enloqueció al reconocer Saturnine, una de las canciones más representativas y queridas de The Gathering, que la banda interpretó con gran sentimiento. No sería la única versión de su antigua banda con la que nos deleitaría, ya que hacia el final del concierto nos sorprendió con la oscura Even the Spirits Are Afraid, del disco Souvenirs, en la que tuvo un papel importantísimo el batería de la banda y marido de Anneke, Rob Snijders, que tocó a la perfección el característico y envolvente ritmo de batería de la canción. Una interpretación redonda que constituyó el tramo final de la noche, combinada con un muy resultón dueto entre Anneke y Kelly de Kill Ferelli en la metalera Stay.

La noche acabaría con dos bises: el primero culminaría con el himno rockero Hyperdrive, versión de su gran amigo y colaborador Devin Townsend, y el segundo acabaría de poner la guinda con el torrente de energía de Witnesses, que nos dejó con el efecto típico Anneke: sonrientes y con más ganas de salir a comerse el mundo que nunca.
Si hubo una cosa que lamentar esta noche, es que la asistencia de público no estuviera ni mucho menos a la altura de la pedazo de artista que había sobre el escenario, con poco más de la mitad del aforo. Una verdadera pena porque quienes no estuvieron allí no saben lo que se pierden… y nadie que vea cantar a esta mujer sería capaz de no rendirse a sus encantos.
Crónica y fotos: Rosario López





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