Concierto de Patrick Watson en Razzmatazz

En noches como esta parece que es fácil conectar con el público, caer simpático, que disfruten de las canciones de las canciones y hacerles partícipes del espectáculo. Patrick Watson lo consiguió con creces en Razzmatazz, pero pensándolo bien no debe de ser tan fácil hacerlo por que si lo fuese todo el mundo haría lo mismo.

Concierto de Patrick Watson en Barcelona, Sala Razzmatazz Era su primera visita a España y el encuentro fue feliz para ambas partes. Como público agradecemos mucho los gestos de simpatía de los artistas y Patrick Watson los echa a raudales. Tiene la cara del amigo que no se enfada ni cuando le rallan el coche, al contrario, se ríe por que le parece más moderno y divertido así.
Sonriente durante todo el concierto, parecía divirtirse el que más de todos los allí presentes. Y eso que la gente se lo pasó de maravilla. Una por que contagia y otra por que hubo momentos realmente sobresalientes.
Tras comenzar con “Close to paradise” (en directo se parece menos a “Sail to the moon” de Radiohead que en el disco) el primer subidón llegó con “Drifters”, donde comenzaron las improvisaciones encabezadas por Simon Angell a la guitarra que, a base de pedales, delays y ecos, se encargó de poner algo de aspereza a la cándida voz de Patrick. La única pega para mí es que el volumen de la guitarra estaba demasiado alto, o tal vez fuese cosa mía por que le tenía justo delante.
“Weight of the world” y “Midnight Express” (un nuevo tema) sirvieron de puente para llegar a “The Storm”, otro de los momentos álgidos de la noche.
Un buen medidor de lo que calan las canciones entre el público en este tipo de conciertos es la duración del silencio cuando termina cada una de ellas. En varias pasaron tres o cuatro segundos hasta que, después de terminar, alguien lanzó el primer “uou” y todo el mundo rompía a aplaudir. “The Storm” fue una de ellas y también “The great escape” con la que continuaron.
Resultaba gracioso ver a Patrick levantarse después de interpretar cada tema con una notable carga emocional y desconectar fácilmente y reírse a carcajadas hasta comenzar el siguiente.
Tal vez por eso, para relajarse todavía más, interpretaron “Man under the sea” en el medio del público él y Simeon subidos a la banqueta del piano. Sin micro ni leches. Y terminamos coreando el estribillo en español: “Sólo yo, los peces y el mar…”.

Hacía ya tiempo que la conexión era total, hasta pidió si sería posible que le acompañaramos por Inglaterra para enseñar a aplaudir al público de allí. “What an amazing audience” salío de su boca varias veces.
Terminaron con una versión extra larga “Bright shiny lights”, con Patrick finalizando jugando con su voz en un escenario casi en penumbra, ideal para crear ambiente cálido y funesto para fotógrafos. No creo que tardemos en verles de nuevo por aquí, se llevaron tan buena impresión como causaron. Hastra pronto, esperemos.

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