MARK LANEGAN nunca deja indiferente. Barcelona, Sala Apolo
Publicado el Lunes, 16 de Abril de 2012 por Rosario LópezMark Lanegan Band regresó de nuevo a Barcelona para presentarnos su notable nuevo trabajo titulado “Blues Funeral”. Había pasado demasiado tiempo ya desde su última visita con banda de rock presentando “Bubbelgum”. Durante todo este tiempo no es que haya estado parado precisamente, más bien todo lo contrario, ya que el de Ellensburg bien con ‘Soulsavers’, ‘Isobell Campbell’ o de ‘The Gutter Twins’ no ha dejado de bajarse del tren de las giras año tras año. A mi personalmente siempre me había sabido a poco y esperaba con gran anhelo que regresara por fin cobijado por una banda rockeando de verdad.
Con una Sala Apolo hasta la bandera abrieron la noche los teloneros “Creature With the Atom Brain”. La banda originaria de Bélgica es nada menos que el nuevo proyecto de Aldo Struyf, viejo conocido de Mark con el que coincidiera en la gira Songs for the Deaf de QOTSA con su banda ‘Millionaire’. Su propuesta se basó en una buena mezcla de hardrock setentero con a toques de stoner y psicodelía a partes iguales. Sus discos desprenden un flow que en directo no fueron capaces de plasmar del todo, produciendo una sensación de linealidad y aburrimiento que les acabó perjudicando.

Conservando al mismo batería y guitarrista (ahora también a los teclados) de la banda telonera, Mark salió al escenario con su característica sobriedad y nulo glamour, cosa nada nueva para los que lo seguimos desde hace años. Es por esto que no acabo de entender a los que siempre le critican una y otra vez por el hecho de que se mantenga tan estático en el escenario y no mueva apenas un músculo. ¿Es que con esa voz hay que exigirle algo más a esta leyenda viviente?
Comenzaron sin vacilar con el temazo “The Gravedigger’s song”que abre su nuevo disco. Una verdadera joya con la que Lanegan agranda su sombra más si cabe. A esta le siguieron “Sleep with me” y “Hit the city” casi sin pausa entre ellas. Si que es criticable que desde el inicio del show el sonido no tuviera la pegada suficiente que merecían estas canciones y no estuviera a la altura del potencial de la sala. Su nueva banda de directo carecía de la garra necesaria para dotar de caracter y una pizca de mala leche a los temas. El único que se salvó fue el guitarrista de estética rockabilly ubicado a la izquierda del escenario que derrochó clase y elegancia durante todo el concierto.
En este momento se encadenaron canciones más bien pausadas como “Wedding dress”, la sentida “One way street” de su magnífico disco ‘Field Songs’, la bellísima nana que es “Resurrection song” y “Wish you well”. La falta de contundencia en el sonido facilitó que algunos grupitos de maleducados ganaran protagonismo al preferir chismorrear a gritos en vez de cerrar la boca y dejar disfrutar del concierto a los que sí estabamos interesados en los que pasaba encima del escenario.
Mark seguía a lo suyo, micro en mano sujeto bien fuerte como si le fuera la vida en ellos y mostrando los tatuajes de estrellas de sus dedos que tanto le caracterizan. La nueva “Gray goes black” contrastaba con sus anteriores creaciones por el dinamismo y luminosidad. El primer guiño a su mítica banda Screaming Trees llegó con “Crawlspace”, banda que estuvo de actualidad recientemente al editarse material inédito hasta la fecha, y quien dice que no puedan llegar a reunificarse en esta época en la que están a la orden del día. La nueva “Leviathan” quedó un poco insulsa y no acabó de desprender la magia del disco.

Poco a poco la intensidad del concierto fué en aumento y “Quiver Syndrome” ayudó a ello. Un tema perteneciente al nuevo disco y que deja patente la gran influencia de Queens of the Stone Age en su carrera. La preciosidad de “One hundred days” trajo de nuevo la calma al concierto y consiguió desbordar las lágrimas a más de uno. A estas alturas de concierto no creo que nadie se acordara ya de los altibajos del inicio o la falta de punch.
El concierto enfiló la recta final con la frágil “Creeping Coastling of Lights” que dió paso a la desbocada “Riot in my house” acabando en la electrónica “Ode to sad disco”, siendo posiblemente uno de los temas más rompedores de toda su discografía y dejando patente que este músico sabe llevar cualquier estilo a su terreno con una facilidad pasmosa. Con “St Louis Elegy” y “Tiny Grain of truth” llegó el único bis de la noche, en el que después de una brevísima pausa la banda regresó para abordar un clásico en su discografía como “Pendulum”. La etérea “Harborview hospital” nos dejó como volando en una nube para aterrizar definitivamente con la cruda “Methamphetamine Blues” con la que este trovador y su banda de rock pusieron la guinda perfecta para este completísimo viaje por los rincones más oscuros del alma humana.








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