Crónica Primavera Club 2010
Publicado el Miércoles, 15 de Diciembre de 2010 por Guiomar FernándezEstamos casi en invierno, pero la pasada semana la primavera invadió Barcelona. Desde el 24 al 28 de noviembre diversos locales de la ciudad ofrecieron sesión continua de conciertos. La oferta de artistas era muy amplia y a veces resultaba complicado enlazar una actuación con otra, sobre todo dada la separación de las salas que albergaban los conciertos.
El centro neuralgico del envento se estableció en el Apolo, con la principal y “la 2″ a todo gas. El resto de conciertos se repartieron entre La sala Bikini, el Marula Café, la sala Moog, el Cabaret Berlín y el Casino l’Aliança del Poblenou.
Creado para acoger a los grupos que se quedaban fuera de cartel de su hermano mayor, el Primavera Sound, el Primavera Club ha ido creciendo en popularidad. La respuesta del público fue bastante buena. Casi involuntariamente, el personal mostraba de puerta en puerta la pulserita identifictiva del festival, como si de un ritual se tratase. Muchas eran las opciones y poco el tiempo, así que había que escoger qué actuación apetecía más en cada momento. Escudriñando el programa cada cual se hacía su croquis. Que si un concierto en la Bikini y salgo pitando para el Apolo… Que si toda la sesión en Apolo… Lo mejor era planificarse con antelación, pero ya se sabe, al final siempre hay cambios de última hora. Mucho guitarreo, amplificador y batería…
Mucha camisa de cuadros, pitillo y greñas tanto sobre el escenario como entre la audiencia. No estuvieron nada mal estas jornadas musicales, para calentar este invierno tan frío que nos asola. He aquí mi pequeña crónica.
Miércoles:
Con muchas ganas y las baterías a tope comencé mi periplo con un grupo de aquí, Triángulo de Amor bizarro. Siempre se agradece un poco de calidad patria entre tanta banda venida de fuera. Los galleogs, creadores del “Himno de la Bala”, nos deleitaron con este y otros temas como la pegadiza “El Crimen: Cómo Ocurre Cómo remediarlo”. También sonaron otros temas de su último disco “Año Santo”. Interactuando con el público y entre ellos, los ahora cuatro componentes de este triángulo complacieron y transmitieron su buen rollo a los presentes.

Jueves:
Si hay algo que caracteriza al Primavera club es la combinación de jóvenes talentos con otros más veteranos. Wild Nothing se encuentran en el primer grupo. He aquí una banda joven y fresca que desde Virginia nos trae su álbum “Gemini”, uno de los pocos discos que te gusta desde la primera vez que lo escuchas. De él se extraen maravillas como “Live in Dreams” o “Summer Holiday” que nos ofrecieron en una actuación muy correcta. Jack Tatum y sus secuaces darán que hablar, y para bien.
Y este fue el día dedicado a los grupos noveles. En “La 2″ del Apolo me topé con Male Bonding, duo londinense que bebe de las
fuentes del pop-rock más macarra y de estar por casa. Uno de ellos ataviado con camiseta de Nirvana, y el otro que parecía el mismísimo Kurt Cobain, nos ensordecieron con el ritmo de su álbum debut, “Nothing Hurts”. Otro aspecto que define a festivales como el Primavera Club, es la escasa duración de los conciertos. Ya se sabe. ¿Será para constatar que lo mucho cansa y lo poco agrada? Sabemos que no, pero es cierto que los escasos 30 minutos que nos dedicaron los Male Bonding al menos nos inyectaron marcha para rato.
Viernes:
Me desplacé hasta la sala Bikini para cambiar un poco. El Apolo se estaba convirtiendo en mi segunda casa… Comencé el fin de semana con Beach Fossils, otros jovenzuelos estadounidenses que suenan estupendamente. Su primer disco, bautizado como la propia banda, es una buena carta de presentación para Dustin Payseur, voz y guitarra, y sus pipiolos compañeros.
John Grant era el siguiente en subirse al escenario de la Bikini. El que ya sacara seis discos como líder de The Czars, comienza de nuevo en compañía de Austin Midlake, con un proyecto muy personal. Combinando sonidos nuevos con piano y toques folk nos presentó “Queen of Denmark”, un emotivo compendio de canciones basadas muchas de ellas en recuerdos de su infancia.
Grant iba explicando el origen de cada una de ellas, implicando de esta forma al público con el recital.
Corriendo regresé al Apolo para admirar a uno de los platos fuertes del festival. Los veteranos Teenage Fanclub llenaron la sala hasta el aforo completo. Todos los que allí nos congregamos vibramos con los temas de su último trabajo, “Shadows”, un disco de calidad. Y calidad es lo que irradiaron los escoceses, con Norman Blake a la cabeza. Se entregaron totalmente, haciendo un repaso a toda su carrera. En este tipo de conciertos se da uno cuenta de que trabajos como “Songs from Northern Britain”, canciones como “Don’t look back”, son unos buenos pilares sobre los que sostener una buena trayectoria. Los “Teenage Fanclub” seguirán llenando salas. No nos cabe la menor duda.
Sábado:
The Hundred in the hands, duo neyorkino formado por Eleanor Everdell y Jason Friedman, trajo la sencillez al escenario principal del Apolo, tan bullicioso días atrás. El concierto fue ganando a medida que pasaban los minutos, cuando sonaron sus temas estrella, “Pigeons”, “Commotion” o “Young aren’t young”.
La noche seguía avanzando y como el frio fuera acuciaba y el programa anunciaba buenas propuestas una servidora decidió quedarse en Apolo. Los Mount Kimbie nos hicieron bailar bien entrada la noche. Con el dubstep como aliado estos chicos se hacen dueños del escenario. Su LP presentación, “Crooks & Lovers” será el primero de unos cuantos.
Mi recorrido musical culminó con los Massieras. Si con Mount Kimbie no habíamos parado, con su espectáculo audiovisual tan variado como variopinto, este grupo afincado en Berlín revolucionó a todo el mundo. Cerrando con una versión del “Rumore” de Raffaela Carrá no es para menos.
Mi versión del Primavera Club termina aquí. Mi conclusión es que este festival es más que recomendable. Tanto por sus aires nuevos como por rescatar a algunos ya bien consagrados. Una maratón de música para abrir boca de cara a los grandes festivales del año que viene. Jeringuilla “indie” pa la vena.
Texto y fotos: Guiomar Fernández





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