Mellon Collie y la nostalgia infinita: The Smashing Pumpkins en Razzmatazz
Publicado el Jueves, 8 de Diciembre de 2011 por Rosario LópezVoy a ser sincera: soy muy fan de The Smashing Pumpkins. Les escuché por primera vez a los doce años (¡gracias, Sputnik!) y desde entonces mi visión de la música cambió para siempre. Por eso, cuando me llegó la noticia de que venían en concierto a Barcelona, no pude evitar ilusionarme ante la posibilidad de poder revivir en directo de nuevo esas grandes canciones que me han acompañado tantos años. Y más todavía en una sala, Razzmatazz, que ofrecía este concierto como plato fuerte de la programación de su 11º aniversario.

Tras el anuncio del nuevo disco del grupo y la actual gira, de entre sus propios fans y el mundo musical han surgido muchas voces críticas hacia Billy Corgan por seguir llamando al grupo The Smashing Pumpkins, pese a ser él el único componente original que queda. Ya cuando tocaron en el Primavera Sound en el 2007 sólo quedaba, aparte del propio Billy, Jimmy Chamberlain a la batería, y eso no evitó que los fans acérrimos disfrutaran el concierto escuchando antiguos hits. Así que aunque entiendo que la formación actual nunca llegará a tener el mismo carisma y gancho que la original (y nadie le dará a la batería como Chamberlain), ¿preferimos quedarnos sin ver nunca más en directo a The Smashing Pumpkins? Quizá quienes les hayan podido ver en sus giras más tempranas (con el Siamese Dream o el Mellon Collie) responderán que sí sin dudarlo porque les han visto en su mejor momento y las comparaciones son odiosas, pero quienes por lo que fuera no pudimos verles hasta el Primavera Sound (como yo) o hasta ayer mismo, agradecemos la vuelta del grupo. Yo personalmente fui al concierto medio ilusionada medio escéptica, esperando que el setlist no estuviera compuesto totalmente de canciones nuevas y que no nos encontráramos con ninguna extravagancia de última hora (ya conocemos a Corgan).

Los teloneros fueron Ringo Deathstarr, grupo de Denver que desplegó un set efectivo de rock de marcada influencia de las bandas shoegazer de los 90. A nivel estilístico fueron una buena elección para abrir los conciertos de los Pumpkins, y si bien la calidad del sonido no siempre les acompañó durante su actuación, lo compensaron con buenas dosis de noise, golpes de melena grunge de su bajista, y muchos, muchos decibelios.

Y tras la tensa espera habitual que precede al cabeza de cartel, finalmente Billy Corgan, Mike Byrne (batería), Nicole Fiorentino (bajo) y Jeff Schroeder (guitarra) salieron al escenario, que estaba decorado con un gran mural de aspecto psicodélico y luces colgantes típicas de feria sobre sus cabezas, con un cierto toque circense. Sin grandes alardes de grandilocuencia, empezaron reventando tímpanos (casi literalmente) con Quasar y Panopticon, temas que estarán en su nuevo album y que tienen más en común con el lado más rockero y rabioso del grupo que a los devaneos hippies que yo me temía encontrar.

Como un respiro ante tal avalancha de temas nuevos, llegó una de las grandes sorpresas emotivas de la noche: Starla, que sonó increiblemente fresca pese al paso de los años y los cambios en la banda, y para mí fue uno de los mejores momentos del concierto, sobretodo con su estallido noise final. Pero los clásicos no pararían ahí: le seguirían nada más y nada menos que Geek USA, Window Paine y Muzzle, para alegría de un público que se debatía entre saltar como locos con la música o echar la lagrimilla recordando viejos tiempos.
Volvimos al presente con Lightning Strikes, pero en seguida Soma y Siva nos llevaron directas a sus discos Siamese Dream y nada menos que Gish (¡hola 1991!). El setlist estaba compuesto de una manera bastante inteligente, como si, sabedores de que las canciones nuevas eran las grandes desconocidas de la noche, el grupo hiciera un esfuerzo consciente por mantener la atención del público durante todo el set. Y siguiendo el patrón de “grandes clásicos - una canción nueva” llegó Oceania, tema que da nombre al próximo trabajo del grupo y en el que Billy se puso al teclado para dar rienda suelta a su lado más melancólico y progresivo. El material de Oceania no suena nada mal en directo, y aunque no tiene ni la efervescencia ni la inmediatez de la época dorada del grupo (es más bien progresivo / psicodélico) tampoco cae en la alegre autocomplacencia que yo me temía. Eso sí, aunque se veían muestras de complicidad entre Billy y Jeff, en general la banda permaneció en un discretísimo segundo plano durante todo el concierto: tocando de manera más que solvente, pero dejando todo el peso a nivel de carisma y comunicación con el público a Corgan.

Tras unas breves palabras de Billy con el público y recordarnos que se espera que el nuevo disco salga a la venta en marzo del año que viene, siguió el festival: Frail and Bedazzled y la frenética Silverfuck entre luces casi cegadoras, que dieron paso a la inédita Pale Horse (que para mí fue una de las canciones nuevas más anodinas, todo hay que decirlo). A partir de ahí, rienda suelta a los grandes éxitos en una espiral perfecta hacia el éxtasis colectivo: Thru the Eyes of Ruby, Cherub Rock, For Martha y una catártica Tonight, Tonight. Tras marcharse del escenario volvieron lógicamente en un bis final, y después de que Billy agradeciera al público su apoyo, remataron la noche con Zero y Bullet With Butterfly Wings, y ahí sí, el Razz casi se vino abajo. Finalmente Billy se acercó a las primeras filas (ya sabemos que le encantan estos baños de masas en sus shows) y se despidió dando la mano a algunos incondicionales.

¿Tanto importó, como decían algunos, que no tocaran 1979 o Today? Pues no, porque son temas que el grupo ha tocado hasta la saciedad y en esta ocasión a cambio quienes hemos seguido al grupo desde hace años hemos podido disfrutar buenísimas canciones de sus dos primeros discos (recientemente reeditados) y del Pisces Iscariot, que ya creíamos que nunca veríamos en directo. Creo que quien fuera fan lo disfrutó, pero quien sólo conociera los cuatro singles de turno que oyó en los 40 Principales hace años, salió bien despistado (hubo grandes clásicos que pasaron desapercibidos y oí a gente del público a mi alrededor decir que eran nuevas). Personalmente el setlist me conquistó, y me fui a casa con mejor sabor de boca de lo que esperaba, sintiéndome un poco más joven y con mariposas en el estómago.

Quizá vaya siendo hora de reconocer que The Smashing Pumpkins son, a día de hoy, el proyecto de un solo hombre, Billy Corgan. Los que dejemos de ser unos puristas y de comparar lo que son TSP ahora con lo que eran en tiempos pasados (superémoslo: está claro que esos tiempos ya no van a volver), podremos seguir disfrutando sin complejos de sus canciones legendarias, y compaginarlo con la curiosidad por los temas nuevos. En contra de lo que muchos piensan, creo que si Corgan y los suyos mantienen este equilibrio justo en los conciertos entre su discografía pasada y la futura, este grupo aún tiene mucho que ofrecer. Que cada uno escoja su bando, y quien escoja el contrario al nuestro, que nos deje disfrutar. Yo sigo siendo fan.

Crónica y fotos: Rosario López





Viernes, 9 de Diciembre de 2011 a las 0:02
Esta es la tercera crónica que leo sobre el concierto (leí la de el País y la de Rolling Stone) y la tuya es con diferencia la mejor porque dices cosas con lógica y con las que estoy de acuerdo. Yo también soy “fan” pero el hecho de serlo no es lo que explica que me haya gustado el concierto, es más bien una cuestión de sentido común, se trata de si te gusta la música y si tienes lo que hay que tener para apreciarla… Gracias por la crónica y por las fotos que son buenísimas