Let’s Go Trippin’ con Dick Dale, un rey en Barcelona
Publicado el Viernes, 16 de Abril de 2010 por Raul CasalAbrió la velada del pasado miércoles 14 de abril la cantante y guitarrista Rie Sinclair acompañada por el batería y el bajista de Dick Dale. Empezó el concierto con unas pocas decenas de personas repartidas por le vacío de la sala pero acabo con más de dos centenares. Fueron 25 escasos minutos en que vimos a una chica que jugaba entre la timidez de su discurso y el coqueteo en sus miradas mientras cantaba. Una voz suave y harmoniosa acompañada por notas de indie-pop que a veces rozaba el country o incluso el folk. Presentaba su álbum debut “A Moment You Never Dreamed“. También realizó una versión del clásico “These boots are made for walking” de Nancy Sinatra.
A las 21:25 horas salieron de nuevo los músicos pero esta vez para acompañar al protagonista de la noche. Pudimos oír los primeros toques tan característicos de su guitarra antes de hacer su aparición en escena, ya que empezó tras las cortinas para hacer su salida estelar segundos más tardes apuntando con la fender, cual escopeta, a los asistentes que ya abarrotaban la sala pequeña del Apolo.
Fue un inicio demoledor entrelazando temas sin pausa y realizando un repaso en forma de remix un tanto caótico (o por lo menos a mi me descolocó) pero con una limpieza absoluta en el sonido y una potencia brutal en el volumen. Sonaron, en sus primeros compases, grandes temas como “Nitrus” y también realizó guiños en forma de homenaje a otros grandes de la guitarra como Jimi Hendrix “Foxy Lady” o Deep Purple “Smoke On The Water“. No faltó entre su repertorio el tema que le catapultó a la fama a principios de los 60: “Let’s Go Trippin‘”.
Dale se movía de forma parsimoniosa, con un gesto a modo de tick de subirse las mangas y con una expresión en la cara entre la armonía y la desconexión de la realidad por momentos. Pero no nos engañemos, llevaba a sus músicos por las riendas y las llevaba bien cogidas. En todo momento les indicaba el camino a seguir, en muchas ocasiones me dio la impresión de estar medio improvisando y haciendo del concierto una jam. Y no es de extrañar dada la larga experiencia de este guitar hero y por la permisividad, en este sentido, del género instrumental y de la música surf en concreto. La velocidad en los movimientos de sus dedos y de la púa ejecutados sobre las cuerdas contrastaban con lo pausado de sus movimientos sobre el escenario.
Hubo tiempo para dejar descanso a la púa humeante y la vertiente más surfera del género y derivar en toques de guitarra con un sonido de rock aún más clásico. Sir Monsour pasó a interpretar temas siguiendo con su particular homenaje a los grandes clásicos como “The house of the rising sun“. Y es que a sus 73 años tiene muchas influencias y muchos influenciados.
Especialmente vibrante fue el repertorio de habilidades que barajó tocando la armónica, la trompeta, haciendo un sólo de batería junto a su baterista o percutiendo las baquetas sobre las cuerdas, mástil y parte de abajo de la caja del bajo mientras el bajista marcaba las notas para sacarle sonidos realmente alucinantes. A los dos acompañantes de Dale se les veía disfrutar y ejecutaban a la perfección su función de acompañantes con momentos también para el protagonismo. Sendos componentes demostraron sobradamente porque están tocando junto al rey de la guitarra surf.
Los últimos compases del concierto dieron paso a “Miserlou” tras presentarla el mismo Dale con el gesto, que ha quedado como un clásico en la historia cinematográfica, de la escena de la película Pulp Fiction en que Travolta baila con Uma Thurman al compás de esta canción. El cierre lo hizo efectivo el emotivo himno oficioso de Escocia ”Flower of Scotland“.
A Dick Dale o Ricardo, como el mismo se presentó (su verdadero nombre es Richard Anthony Monsour), no le hace falta sacar su título de “King of the Surf Guitar” ya que la habilidosa y personal forma de tocar que tiene en el directo es suficiente para hacerlo valer. A su 73 años sigue en plena forma, con sentido del humor y llenando salas con un público que en una gran parte podrían ser hijos suyos o incluso algún nieto…y es que lo bueno no tiene fecha de caducidad.
Texto: Raul Casal





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