Down: Héroes del metal

Y llegaron los superhéroes del metal: Down, contando entre sus filas con grandes nombres del género, como el ex-Pantera Phil Anselmo y Rex Brown, así como Jimmy Bower y Kirk Windstein de Crowbar, nos visitaban en Apolo entre la expectación generalizada de los fans del género.

Que son todos ya parte de la historia del metal, estaba claro. Esta noche, no obstante, nos demuestran algo más: aunque la sombra de Pantera sea alargada, Down ha dejado ya de definirse como el eterno “proyecto paralelo de…” para plantar cara con un repertorio y una actitud propios y demostrar que ya son de por sí un grupo legendario sin ayuda de miradas al pasado.

En esta ocasión, en lugar de teloneros la actuación del grupo vino precedida por un documental en el que se combinaban videoclips de los grupos favoritos de Anselmo y los suyos, con cortos clips grabados en backstage durante las giras de la banda. Durante la proyección la sala se fue llenando rápidamente -si el concierto no fue un sold out, poco debió faltar.
Finalmente, mientras sonaban los legendarios Black Sabbath, Down aparecieron en escena y el concierto arrancó con “The Path”. Así llegó la primera anécdota de la noche, cuando al poco tiempo de comenzar el tema el micrófono de Phil falló y tuvieron que parar la canción. Personalmente me esperaba quizá un arrebato de mal humor por parte del vocalista, al que le precede su fama de irrascible de otras épocas de su carrera, pero me equivocaba: tras un comentario entre sonrisas ( “empezamos otra vez, ¿vale? no vamos a seguir el concierto con un micro jodido”), le cambiaron el micrófono por uno nuevo y ahora sí la banda descargó sin problemas ese himno metal para un público ya totalmente entregado desde la primera nota.

En lo musical fue un concierto impecable; la condición de leyendas de todos los componentes del grupo se vio reflejada en el virtuosismo musical que pudimos presenciar: guitarras brutales, capaces de mover montañas, la voz de Phil Anselmo sonando mejor que nunca y una sección rítmica que merece especial mención. Pero tan importante como la técnica en la ejecución fue la actitud que mantuvieron durante todo el concierto: con Phil Anselmo como piedra angular que sonreía y posaba para el público incluso (llegando a darse un baño de multitudes estrechando las manos de los incondicionales las primeras filas) y con un Rex Brown imponente al bajo como contrapunto; se veía claro que todos los miembros del grupo se lo estaban pasando bien, haciéndose constantes bromas y guiños durante la actuación (ropa interior femenina de fans incluida), disfrutando del calor y de la fantástica reacción de un público que saltaba, coreaba y gritaba con cada nuevo tema.

El setlist fue variado, con canciones de sus tres discos. Algunos de los temas más coreados y celebrados fueron las iniciales “Lysergic Funeral Procession” y “Hail the Leaf”, así como “Temptation’s Wings”, “Ghosts Along the Mississippi”, “On March The Saints” o “Three Suns and 1 Star”. El momento más emotivo llegó con la presentación de “Lifer”, del primer disco del grupo, con la dedicatoria inicial que Anselmo hizo al tristemente desaparecido Dimebag Darrell.

El set llegó a su fin con dos canciones del primer disco de la formación, “Nola”. La fantástica “Losing All”, que nos recordó mucho a Pantera, y la maratoniana “The Eyes of the South” pusieron punto y aparte al concierto. Tras unos momentos en que el grupo desapareció del escenario dejando que el público se desgañitara pidiendo el bis, la banda volvió para deleitarnos con una enloquecida “New Orleans is a Dying Whore” que todos acabamos cantando a pulmón limpio, seguida de “Stone The Crow”, precisamente el single debut en la carrera del grupo, que actuó como polvorín final para acabar de llevar a la locura a todo el Apolo.

El fin de fiesta estaba por llegar aún, y éste supo estar a la altura de lo vivido el resto de la noche: tras la versión del tema de Black Sabbath “Paper Caravan” (que ya solían versionar Pantera) , llegó la enorme “Bury Me in Smoke”, con el escenario envuelto en humo y uno de los riffs de guitarra más duros que se hayan oído nunca en directo. Y con ella la despedida, en la que los componentes del grupo intercambiaron sus instrumentos y acabaron invitando a sus roadies a subir al escenario y acabar de tocar ellos el tema, en una especie de jam colectiva que nos hizo salir de la sala con una gran sonrisa.

Con grupos como éste en noches como la de hoy, se dice adiós al cliché de grupo de metal divo y malhumorado y se demuestra que algunas leyendas del metal son tan humanos como genios incombustibles. Un placer.

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