El refugio 307*
Publicado el Jueves, 25 de Octubre de 2007 por dnavarroEl refugio 307 podría ser el título de una película de terror, pero es real, todavía existe, aunque de lo que pasó allí dentro hay sólo unos cuantos testimonios y un libro, El refugi 307.
Hoy en día se puede visitar. Los sábados y domingos por la mañana uno se acerca a la oficina de información, paga tres euros y espera su turno. Siempre te dicen que habrá que esperar algo más de lo normal, que es raro, que nunca suele venir tanta gente. Pero siempre hay gente. El guía te ubica históricamente: la sangrienta Guerra Civil, la Barcelona del 37, la del 38 y la moribunda del 39. Los ensayos de guerra de los fascistas. Mallorca como aeropuerto de los nacionales. Los aviones último modelo de los italianos que llegaban a la costa barcelonesa, soltaban su arsenal de muerte y se marchaban por donde habían venido. El abuelo, la vieja batería antiaérea, más bien un pobre cañón, que castañeaba erráticamente.
Ya te lo imaginas, pero con todo, sobrecoge: uno acudía al refugio 307 en busca de cobijo tras sonar las alarmas. El disco rayado en la radio rebelde anunciaba el bombardeo, y la gente corría hasta el refugio más cercano. Había quien tenía uno propio, pero lo normal era que las asociaciones de vecinos, las juntas de fiestas, o las gentes del barrio se juntasen y arrimasen el hombro después del trabajo para excavar el suelo, la montaña, lo que fuera que pudiese albergarlos.
El gran queso gruyere que es Barcelona se horadó mucho durante los tres largos años de contienda fraticida, hasta llegar a los 1.400 refugios. Uno de tantos, el refugio del Poble Sec, contenía 400 metros y pico de galerías. Tres, en total, no todas conectadas.
Ya ubicados temporalmente, y mientras nos colocamos los cascos de obrero antes de entrar en la galería, el guía insiste y hurga en la herida. Recuerda la anécdota de una mujer que salió en batín hacia el refugio y una vez dentro, con las “esclusas” cerradas, se acordó de sus hijos, olvidados en el piso. Un Solo en casa de muerte, que afortunadamente, el guía no puede rematar, porque no sabe el final. Sin embargo, para estremecerse basta con el drama de esa señora encerrada en un largo túnel desde el que sólo se oían los casquetes de los edificios colindantes.
A la entrada, dos truculentos espacios para hacer las necesidades. El túnel empieza en zigzag y prosigue cuesta arriba. Para evitar la metralla de una posible bomba en la puerta del refugio, explica el guía. Y uno avanza con la certeza de que a más de uno le pilló de camino a la guarida, como un pobre animal. A los lados de los túneles, bancos. No son los originales, pero seguro que se le parecen. De nuevo, la necesidad hizo que los restos de los primeros bancos acabaran en manos de los supervivientes de la posguerra y convertidos en astilla para calentar los hogares. Seguimos avanzando y vemos el recorrido de la antigua instalación eléctrica, el drenaje e incluso un manantial natural, un regalo de arriba entre tanta penuria propia de lo más hondo de la Tierra.
De repente se va la luz. Así que continuamos hacia el final de la galería 3, hoy conectada con la principal, a oscuras. Y hasta que salimos a la calle no sabemos que no ha sido un truco para animar la visita. Antes, quedan tres datos para el recuerdo:
El intento de construcción de una guardería que se cobró la vida de dos niños al desplomarse el techo.
La utilización de una parte de la galería 3 por una familia durante más de veinte años, hasta que el boom inmobiliario los hizo cambiarse a un piso hoy con aluminosis.
Sabemos que, precisamente, los que unieron la galería 3 con la 2 fueron los nacionales. Y es que en el 39 todavía era posible participar en la inminente Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente, no hizo falta.
Hoy, este refugio 307 es un buen ejemplo de la recuperación de la memoria histórica. Ni las paredes de las galerías nos hablan de política, ni la explicación del guía tergiversa la historia. La realidad es que España se dividió en dos bandos, porque uno de los dos quiso romper las reglas democráticas llegando incluso a facilitar el aniquilamiento de sus, hasta entonces, compatriotas por parte de italianos y alemanes. Y si eso es hacer un uso partidista de la historia, entonces estamos casi tan locos como los desgraciados que allá por 1936 decidieron sembrar el terror.
David Navarro
*El refugio 307 se ubica en el carrer Nou de la Rambla, 167, en la ladera del Montjuïc. La capacidad del refugio, que nunca llegó a terminarse, era de unas dos mil personas. Sólo se conserva la entrada número 3 y se puede visitar gran parte de los 200 metros de los que consta. El proyecto contemplaba excavar 400 metros. Más información en www.museuhistoria.bcn.cat.





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