Tocando el cielo: God Is an Astronaut + Junius en Barcelona, Sala Bikini
Publicado el Martes, 15 de Junio de 2010 por Oscar CasellesQuienes les pudieron ver el año pasado en su actuación en Apolo [2] seguramente no dudaron en comprar su entrada para verles de nuevo al saber que volvían a visitarnos, y es que el directo de God is an Astronaut no deja indiferente a nadie. En esta ocasión los amantes de la música más experimental y emotiva estábamos de enhorabuena: los irlandeses venían acompañados en esta gira de los excepcionales Junius, esperadísima banda de Boston que visitaba por primera vez la ciudad condal.

Lo de Junius es un híbrido difícil de describir que se define por sí mismo a pesar de beber de mil estilos, desde el sonido más oscuro y eighties de grupos como The Cure o Joy Division (influencias que se notan por ejemplo en la voz y los fraseos de Joseph E. Martínez, una de las mayores señas de identidad del grupo), hasta el metal más enérgico o el post-rock (género con el que no les gusta que les identifiquen pero con el que se les relaciona por el rico papel que juegan las guitarras y cómo juegan con la intensidad en sus canciones). Los de Boston estrenaron la noche con una sala desafortunadamente medio llena por lo temprano de su actuación.
Aún así supieron captar y de qué manera la atención del público, con un setlist bien escogido que arrancó con el himno que abre su último larga duración, la atmosférica a la vez que contundente “Birth Rites by Torchlight”. Como pequeño interludio, tocaron un tema nuevo de su último split con Juárez, para luego deslumbrarnos con un fulgurante repaso de algunos de sus mejores temas.
Así, de “The Martyrdom of a Catastrophist” pudimos disfrutar también “The Antediluvian Fire” y la celebradísima “A Dramatist Plays Catastrophist”, con ese estribillo melódico y arrebatador y ese final en que las guitarras parecen cobrar vida propia para casi acariciarnos.
Iluminados dramáticamente por columnas de luces centelleantes a sus espaldas, se dispusieron a demostrar la sobrada calidad de todos sus trabajos, y se sacaron de la manga canciones rescatadas de su ábum homónimo. Así, para alegría de quienes les seguimos desde sus inicios, interpretaron “Hiding Hives” (quizá su tema más pegadizo) y “A World Could Kill Her” (ese himno de sonido retro y casi bailable, que a mitad de recorrido nos pilla por sorpresa con un estallido emocional totalmente impredecible). Y por si fuera poco nos acabaron de rematar con “From the Isle of the Blessed”, quizá el mejor tema del grupo, en el que disfrutamos de las guitarras épicas e intervalos espaciales de Maik, combinadas con unos originalísimos y explosivos ritmos de batería a cargo de Dana Filloon, y los estribillos entrecortados de un Joseph que se movía con igual soltura en los coros más angelicales que en los gritos más desgarrados que cierran la canción. Al final del set, vello de punta y más de una boca abierta, Junius no sólo no decepcionaron a sus fans sino que seguro se ganaron a bastantes nuevos seguidores.
Tras este fantástico inicio de la noche llegó el turno del trío irlandés procedente de Wicklow, formado por los hermanos Kinsella y el entrañable Lloyd Hanney. Desde que dejaron a todo el Apolo [2] completamente boquiabierto en su anterior visita a la ciudad, el interés por la música de God is an Astronaut ha crecido vertiginosamente sobretodo gracias al fenómeno del boca a boca y a la publicación de su nuevo disco, “Age of the Fifth Sun”. Seguros de sí mismo y convertidos en meras siluetas por obra y gracia de una impredecible iluminación de fondo que cambiaba a cada segundo y deslumbraba al espectador, empezaron decididos con el hipnótico tema que da nombre a su último disco. Un comienzo enérgico y casi diría que inmejorable con ese característico riff de guitarra y esos samples suaves y atmosféricos. Le siguió la pausada “From Dust to Beyond”, y la preciosista “Fragile”, de su segundo disco. Y sin mayor preámbulo volvieron la cabeza hacia su anterior album para ofrecernos “Echoes”, para mi gusto una de sus mejores composiciones, emotiva y cristalina a la vez que rítmica, en la que Niels se mostró especialmente entregado balanceándose al tiempo que mostraba su pericia con guitarra y pedalera. Fue ahí cuando me empecé a dar cuenta de que en el público eran muchos los que escuchaban con los ojos cerrados introspectivamente, centrados en sus propias emociones ante el torrente de música y luz. La banda volvió a visitar “Age of the Fifth Sun” con “In the Distance Fading”, single lleno de delicadeza, al que siguió “Worlds in Collision”.
“Zodiac”, otra rescatada del disco homónimo del grupo, se encargó de dar un soplo de aire fresco al repertorio con esa tónica tan rítmica suya, para mayor lucimiento de ese crack que es Lloyd, que sentado frente a su set de batería y sin perder la sonrisa es capaz de hacer que lo complicadísimo parezca tan sencillo y natural como un juego de niños. Tras el respiro de “Snowfall”, mantuvieron alto el listón con “Suicide by Star” y “Forever Lost”, tras la cual Torsten dedicó unas palabras de agradecimiento tanto para el público como para Junius por haber sido sus acompañantes de lujo en la gira que esa noche tocaba a su fin. También anunció (con sorprendete seguridad) que volverían a la ciudad condal de gira en el 2012. Tras este paréntesis, atacaron con “Route 666″, tras la cual se retiraron aunque sólo momentáneamente: para el bis final se reservaban una tremenda “Fireflies and Empty Skies” que sirvió de elegante broche para cerrar la noche. Quizá se echaron de menos las impresionantes proyecciones que desplegaron en su anterior visita, quizá el grupo llegó a sonar incluso demasiado bien (casi pecaban de fríos en las canciones más minimalistas), pero no se puede negar que saben cómo crear un espectáculo perfectamente reconocible y lleno de talento a pesar de su juventud.
En definitiva, fue una noche para el recuerdo para todos los que pudimos presenciar el intenso directo de dos de las bandas más arriesgadas y prometedoras del panorama musical actual.



















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