Concierto de Kitty, Daisy & Lewis en Barcelona, Sala Apolo
Publicado el Lunes, 29 de Marzo de 2010 por Rosario LópezY los tres hermanos más cincuenteros de este nuevo milenio volvieron a la ciudad condal para actuar en la sala Apolo. Es increible la gran popularidad que ha alcanzado el joven combo desde que les viéramos tocar en la pasada edición del Primavera Sound. Esgrimiendo como principales armas su juventud, su estética influenciada por los años 50 y la mezcla de inocencia adolescente y pasión con la que abordan sus temas rockabilly, los de Londres llenaron sin dificultad un Apolo en el que se podían oler las ganas de pasarlo bien.
Abrieron la noche el grupo local The Nu Niles, con su psichobilly ochentero de intachable ejecución, y muchas tablas sobre el escenario, se ganaron en seguida la simpatía de un público que para cuando salieron a escena los protagonistas de la noche ya estaban en plena efervescencia.
La anacrónica estampa de las hermanas Kitty y Daisy cantando a capella con fantásticos dejes de blues y vestidas como dos impecables muñecas traidas de los mismísimos años 50, fue una prometedora apertura de la noche. No obstante, a medida que avanzó su actuación con un Lewis que arrancadaba silbidos de las asistentes femeninas, se fueron viendo bastantes cosas a pulir. Los tres hermanos, acompañados de sus padres en un segundo plano, se empeñaban en cambiar de instrumento a casi cada nueva canción: de la harmónica a la guitarra, de la guitarra al piano, del piano al ukelele, del ukelele al micrófono… Un factor que en teoría debería sumar atractivo a su propuesta y cuyo esfuerzo les honra, pero que a veces parecía venirles un poco grande. Es normal que dada su juventud no puedan dominar todos esos instrumentos al mismo nivel, y eso hacía que la frescura de ciertos temas como “Going Up The Country”, “Honolulu Rock-a-Rolla” o “I Got My Mojo Working” no se viera correspondida por una actitud más festiva del trío, que a menudo parecía demasiado preocupado en no equivocar las notas en los instrumentos que les ocupaban. No es tanto un problema de tablas como uno de maestría musical, y es que por ejemplo cuando Daisy por abordaba sus fuertes (cantar, o tocar el ukelele), o Kitty se dedicaba a la armónica, ambas conseguían brillar y encender a un público que por otro lado, llevaba la fiesta encima ya por defecto y no parecía demasiado preocupado por la solvencia del grupo. Quizá si intentaran no abarcar tanto ni hacerlo tan difícil hubiera sido un concierto mucho más lucido.
El grupo acompañó su actuación con la aparición estelar de Eddie “Tam Tam” Thornton, trompetista con el que ejecutaron sus canciones de corte más ska, aunque a mi parecer no es el estilo en el que más cómodo se mueve el trío y no fue la fase más brillante del concierto, que despuntó en cuanto volvieron a juguetear con el swing y el blues.
En general, un concierto entretenido y una banda resultona pero quizá demasiado idolatrada por razones puramente estéticas. Quizá con los años y conforme vayan cogiendo confianza en sus dotes musicales, los hermanos Durham llegarán a convertirse en un verdadero referente del género, comparables a los de la época dorada del swing. Sólo el tiempo lo dirá.













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