La ley del miedo
Publicado el Viernes, 19 de Octubre de 2007 por Luis Ponce de León ValduezaLa ley del silencio (On the Waterfront)
Elia Kazan, 1954
Elia Kazan nos introduce en la negra realidad de unos astilleros estadounidenses. Una manera de acercarnos al establecimiento de la sociedad americana, objeto de crítica. Un submundo para explicar el mundo. No falta nada: la ley (los inspectores y policía), la ley de la calle (los caciques), el pueblo (los estibadores), el líder moral (el sacerdote) y el héroe (Marlon Brando).
La historia es fundamentalmente la evolución de la conciencia del protagonista. Curiosamente, Brando era partidario del sindicato de descargadores que controlaba el negocio. Sin embargo, el guión fuerza que sea él quien puede cambiar las cosas. Es Brando quien sabe cómo murió el estibador asesinado. Enseguida se le presentan varios campos en los que está incómodo: el sindicato, la relación con su hermano, y con la hermana del asesinado.
Juega un papel decisivo el sacerdote del barrio. Él decide dejar de cerrar los ojos ante las injusticias en los muelles. “Mi parroquia está aquí” apunta cuando se reparte el trabajo. Especialmente expresiva es la escena en la que sermonea a todos los presentes tras el asesinato de un estibador en la bodega de un carguero. Tiene un papel de catalizador, sobretodo para Brando. El héroe esta vez es el más inculto, el que no conoce la heroicidad. Ni siquiera es el más puro, pero sí el más valiente. Se enfrenta a sí mismo, a su acomodamiento en una vida fácil, a la fidelidad de su hermano, a la verdad cuando la confiesa a la hermana del asesinado, a todos los compañeros de trabajo y a la banda mafiosa cuando declara en el tribunal.
La película tiene una gran fuerza crítica. Sordos y mudos; representa la insolidaridad, la irresponsabilidad. Los estibadores habían perdido la capacidad de indignarse, habían llegado a un estado de apatía total en la que todos habían abandonado la posibilidad de actuar, de luchar por sí mismos o por el prójimo. Ver estos personajes es lo que escuece en el espectador. Cómo las personas se acostumbran a humillarse y degradarse hasta convertirlo en hábito.
Kazan utiliza pronunciados contrastes de luz y la tonalidad oscura y gris es habitual en gran parte de las escenas. La música aparece con toda su carga expresiva para aportar tensión en la escena en que Brando persigue a su hermano. Los golpes de sonido están precisamente acompasados con los gestos y las acciones.
El director turco nos ofrece un guión representante del realismo norteamericano. Es una historia sobre la justicia, la afectividad, el miedo y la lucha por la libertad. Con una excelente interpretación de Marlon Brando en cuyo personaje se aúnan los valores que el relato transmite.





Sábado, 20 de Octubre de 2007 a las 0:51
Hace ya mucho que la vi, pero gracias a tu crónica he llegado a ver más ahora que cuando la disfruté.
De cada película se te quedan grabadas algunas secuencias o imágenes. De esta, no sé el motivo, pero lo que recuerdo es a Marlon con las palomas.