Concierto de Mark Lanegan en Barcelona, Sala Bikini
Publicado el Lunes, 24 de Mayo de 2010 por Rosario LópezMark Lanegan volvió a Barcelona para dedicarnos un recital acústico, desnudo de todo artificio, en la íntima Sala Bikini. Hubiera sido imperdonable faltar a la gran cita: no todos los días tiene uno la oportunidad de dejarse hipnotizar por una de las voces más personales y profundas de toda la historia del rock.
Abrió la noche el casi desconocido Duke Garwood, cantautor inglés que por momentos daba la impresión de que había escuchado mucho a Jeff Buckley. La intención y el talento estaban ahí pero sus canciones se acabaron haciendo un poco lineales y su número no acabó de hacerse memorable. No obstante, esa noche era su última actuación junto a Lanegan en ésta gira y su austero número (él y su guitarra en la penumbra) sirvió de agradable avanzadilla del verdadero plato fuerte de la noche.
Y por fin apareció Lanegan, el hombre alto de negro, y de pronto casi se pudo palpar el respeto a su alrededor. El mítico ex-vocalista de Screaming Trees parece tenerlo claro: el fin justifica los medios. Y si el fin es hacer que todo el público de una sala llena quede mudo y permanezca en vilo, estremeciéndose tras cada susurro, cada sílaba y cada acorde inicial, hechos como que el cantante mantuviera el semblante serio y meditabundo durante toda la actuación, o que apenas hablara entre tema y tema, pasan a carecer de importancia. Es más, hasta se agradecen: pudiendo ofrecer temas con semejante carga emotiva llevados por una voz tan única, sería un pecado no abandonarse a ellos y dejar que lo absorban todo.
Acompañado por Dave Rosser (ex-Twilight Singers), Mark Lanegan desgranó un extenso setlist en el que entre variados temas de su carrera en solitario, no faltaron guiños a sus anteriores proyectos y a otros grupos. Así, por un lado, escuchamos la inicial “When Your Number Isn’t Up”, el estremecimiento con tintes country de “Like Little Willie John” y “Bombed” (de su album Bubblegum), “One Way Street”, “No Easy Action” y “Miracle” (del “Field Songs”) “Mirrored”, e incluso la rareza “Message to Mine”, una de las canciones más animadas de la noche. Pero también estuvieron ahí “Can’t Catch the Train”, de Soulsavers, o la aclamada “Where the Twain Shall Meet” de Screaming Trees, “Shiloh Town”, extraida del disco de versiones “I’ll Take Care of You”, o la enormes versiones de “Misirlou”, de Dick Dale y “Julia Dream” de Pink Floyd. La guinda la acabó de poner, ya en los bises, una versión acústica a dos guitarras de la escalofriante “Hanging Tree” de Queens of the Stone Age.
Música directa al corazón, sin complicaciones ni adornos. A la salida de la sala, el vello aún de punta y la sonrisa en la cara.
Fotos y crónica: Rosario López










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