Matthew Herbert en Barcelona
Publicado el Domingo, 13 de Diciembre de 2009 por Ana NúñezLa noche del sábado pasado en el Palau de la Música de Barcelona se volvió a vestir de gala para recibir al compositor, dj y productor inglés Matthew Herbert. En poco más de hora y media de concierto Herbert presentó su más seductor y subversivo proyecto There’s me and there’s you (!K7/Accidental, 2008), su segundo trabajo con la Big Band después de Goodbye Swingtime, publicado en 2003.

Quienes ya conozcan a este artista británico no se sorprenderán al referirme a él como el genio loco, el alquimista de los samplers o el hombre capaz de embellecer y dotar de sentido a objetos aparentemente tan insípidos como el papel de periódico o un soplido. Aquellos otros que no tengan el placer, este podrá ser un buen momento para empezar a sentir curiosidad por su forma de establecer los sonidos en el imaginario colectivo.
21:00 horas. Un Palau de notable aforo permanece a la espera de una de las bandas más interesantes del momento. Una de las pocas en establecer una conexión fluída y natural entre el jazz o el swing y la música electrónica. Sus componentes irrumpen en el escenario; un séquito de dieciséis músicos, acompañados de su director, Peter Wright y el propio Herbert. Se acomodan ante susrespectivos instrumentos y el inicio del tema The Story da la bienvenida a la absolutamente espléndida y voluptuosa figura de Eska Mtungwazi.
El concierto discurre entre cortes clásicos pespunteados de un constante hilo de ruidismo y un modo de producción tan innovador y excentrico como divertido.Tanto como para provocar el contoneo involuntario de la mayoría de los allí presentes con canciones como The yesness o Just Swing. La banda fluye correcta al compás marcado por su siempre impetuoso y volcado director y un inquieto Herbert incapaz de permanecer pausado ni una vez finalizado el tema. Mención especial para Eska, con tan buena voz como dotes interpretativas y presencia en el escenario, capaz incluso de acallar a un público precipitado en su aplauso.

Pero también hay cabida para la reflexión política. Si por algo se caracteriza este último álbum es por su crítica explícita y sediciosa contra el abuso de poderes políticos y religiosos o los males del consumismo. De ahí la necesidad del artista de explicar ante su público la razón de los pitidos usados en su canción One Life, a modo de contador de las víctimas de la guerra en Irak, o de ocultar los rostros bajo un saco de tela negro como denuncia al terrorismo de estado en el tema Battery.
Un año atrás quizá se hubiera esfumado parte de las intenciones del músico pero casi dos años despúes de la publicación de su último trabajo, este concierto deja sabor a exquisitez, una buena dosis de intención política y diversión. Ante todo, diversión.
Fotos: Xavi Torrent




















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