Nacho Vegas en el Auditori de la Música de Barcelona
Publicado el Domingo, 1 de Febrero de 2009 por Quique López‘La Plaza de la Soledad’, ‘Detener el tiempo’, ‘Gang Bang’, ‘Desastre Manifiesto’, ‘Dry Martini S.A.’, ‘Que te vaya bien, Miss Carrusel’, ‘Crujidos’, ‘Ocho y medio’, ‘Días Extraños’, ‘El tercer día’, ‘Perdimos el control’, ‘Mondúber’, ‘Secretos y mentiras, ‘Morir o matar’, ‘El hombre que casi conoció a Michi Panero’, Nuevos planes, idénticas estrategias’, ‘El ángel Simón’… Es difícil encontrar en este país a un artista con semejantes posibilidades a la hora de encarar un setlist para su concierto. Y en L’Auditori de Barcelona, repleto hasta la bandera, todo esto sonó casi celestial.
Dos días seguidos. Dos llenos absolutos. Acompañado de Xel Pereda a la guitarra, Manu Molina a la batería, Abrahan Boba en el piano y Luis Rodríguez al bajo, Nacho Vegas se dispuso a fundir los plomos de un recinto que, si bien en el momento y debido a algunos fallos técnicos en el concierto del miércoles podía parecer que se le quedaba algo grande, pasados los días me atrevo a afirmar que es perfecto para un tipo como él. A finales de mes, en el Let’s Festival lo podremos corroborar, o simplemente decirnos a nosotros mismos que da igual donde toque porque lo va a hacer, de nuevo, así. Perfecto. Antes, el miércoles, se encargó el mismo Abraham Boba que luego le acompaña a los teclados, de abrir el concierto. El jueves fue la murciana Alondra Bentley la encargada de abrir. Después, lo dicho. Un señor con un traje muy arrugado (los dos días…) y ganas de torturarnos sentimentalmente hablando.
Bien es cierto que todo, o casi, lo que tocó de su último disco, El Manifiesto Desastre (Limbo Starr, 2008) no sonó igual que el resto. Quizá algo de precipitación, un poco de falta de acoplamiento, algún error. Mínimo. Qué más da. Allí éramos muchos los que íbamos a disfrutar con Nacho Vegas hiciera lo que hiciera. Porque, qué canciones. Y qué setlist, repito. ¿Que alguien echó de menos alguna? Claro…; pero, ¿qué más da? Un repaso extenso a su discografía (Impresionante ‘Miss Carrusel’, increíble ‘Ocho y medio’, probablemente su mejor interpretación en estos dos conciertos), hora y media de disfrute, parco en palabras (el primer día nos confesó que estaba resfriado y sólo estaba tomando café, que era la primera vez que lo hacía sobre un escenario y que ya puestos, unas magdalenas no le habrían ido mal; el segundo día nos dijo que Xel Pereda tiene una tesina en no sé qué sardinas asturianas. El equivalente a Anita Obregón le dijo que era, vaya), y dejándonos la sensación de que ha llegado a un punto en el que quizá ya no importe mucho si quiere sentarse en un taburete o tocar erguido; incluso da igual que no hable, que no se muestre cercano a través de chistes fútiles. Nacho Vegas ha traspasado esa barrera. Ahora, la gente que va a verle somos fans en su mayoría, y estamos dispuestos a perdonárselo casi todo con tal de sumergirnos en ese desastre manifiesto, anticipado en sus estrofas y estribillos, que significa la vida de todos y cada uno de sus personajes. Y quizá el más famoso de ellos, quizá él mismo y sus hermanos y su padre Simón, estaban allí. Porque cerró ambos conciertos con la misma versión de su propia canción, ‘El ángel Simón’. Casi nadie la reconoció. Una batería de corte pop y una forma luminosa proyectada en el escenario que recuerda a los ‘70. Una primera frase “Simón, desde que te fuiste…” y un auditorio rendido a sus pies. ¡Señores, con ustedes, Nacho Vegas! Acompáñennos a llorar un rato. Por supuesto, de emoción.































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