El muro de Roger Waters en Barcelona
Publicado el Viernes, 8 de Abril de 2011 por Raul CasalLa épica opera rock ”The Wall” de Pink Floyd volvió a sonar íntegramente en el Palau Sant Jordi de Barcelona de las manos del que ha sido, casi en su totalidad, el compositor: Roger Waters. La breve gira que se realizó en unas pocas y privilegiadas ciudades entre 1980 y 1981 ya visitó la condal hace unos años con el mismo show.
Un concierto dividido en dos partes con un intermedio de poco menos de 30 minutos. En el primer tramo se realiza la construcción del muro (de 11 metros de altura por 34 de ancho), bloque a bloque, mientras el señor Waters y la numerosa banda que lleva a sus espaldas van quedando en la trastienda, cada vez menos visibles hasta desaparecer por completo. No se hace esperar el gran tema “Another brick in the wall” (de tres partes) que abre el álbum y el show con un Roger Waters tomando el protagonismo en la parte del escenario más avanzada al muro. Y un final antes del intermedio despidiéndose con “Goodbye Cruel”.
Durante el intermedio, con la gran muralla blanca repleta de proyecciones con las fichas de los cientos de miles de soldados muertos en las guerras de Vietnam y Corea, pero también actualizadas con las de Irak y Afganistán. Y es que el mensaje no queda obsoleto, la sociedad se encarrila por las mismas vías de la autodestrucción. Si tomamos los mismos senderos encontraremos los mismos carteles que nos alertan de los peligro y nos llevarán a las mismas reflexiones. Pero en este concierto, el contenido del mensaje no era por lo que el público aplaudía y gritaba emocionado, sino la espectacularidad de este.
En la segunda parte un comienzo más propio de escenario teatral con un acto en el que Roger se sitúa en el sofá de una habitación y escenifica parte del mensaje que “The Wall” quiere transmitir a los oyentes: la soledad y la falta de comunicación que sufre la sociedad. En los últimos compases del concierto, su protagonista principal se apoya en el muro creando un efecto con la proyección en que unas simbolizadas fuerzas
interiores iluminan todo el bloque y hacen presión para que este se derribe (en parte sobre el público). La banda al completo interpreta con voces y cuerdas, erguidos ante los asistentes, un par de temas más a modo de despedida. En el segundo, el mismo Roger presenta y despide a cada uno de ellos hasta cerrar la desfilada él mismo.
Más allá del mensaje, que seguramente poco pueda impactar sobre el respetable que abarrotaba el Sant Jordi en este primer día con el aforo atestado, estamos ante un concierto de una espectacularidad sonora y visual como pocos puedan haber sido realizados sobre los diferentes escenarios que hay sobre la faz de la tierra. Unas proyecciones de una calidad y técnica visual como antes no había visto. Imágenes recuperadas de la película dirigida por Alan Parker y con escenas de animación a cargo de Gerald Scarfe mezcladas con montajes varios. Como la muy visual imagen de unos a
viones bombardeando ciudades con logos de diferentes marcas comerciales conocidas (Mercedes, Shell,etc). Muñecos hinchables, que aparecían por ambos lados del escenario, de detrás del muro o desde arriba, se movían y proyectaban rayos de luz sobre el mar de asistentes. Un cerdo gigante que estuvo flotando sobre la pista durante un tema íntegro. Un avión que hace un vuelo de lado a lado del Sant Jordi para estrellarse sobre el escenario con una gran explosión; y es que la pirotecnia no faltó desde un principio. La pantalla circular, parecida a la que también utilizan los Rolling Stones en una de sus últimas giras, perdía protagonismo ante tantas distracciones visuales.
Y lo mejor y más importante de todo: un sonido impresionante, de una calidad como pocas veces se pueda tener en un pabellón de estas características no provisto de los requerimientos técnicos para la buena acústica de los directos. El sonido de unos músicos impresionantes apoyado por unos efectos sonoros que atribuían un grado de realismo muy elevado a las voces, gritos, ráfagas de ametralladoras o explosiones y roturas de cristales. Concierto digno de ver y escuchar.
Fotos: Jose Cornide
Textos Raul Casal













Martes, 29 de Marzo de 2011 a las 9:18
Muy bueno, lastima que mi economia (paro) no me permita acudir.
Miércoles, 13 de Abril de 2011 a las 14:10
Buenisimo, realmente hoy por hoy no se encuentra un sonido y un show de estas características.
Se sabe algo del motivo real de porque levantaban un muro?, es por que prentedían que la gente esuchara mas que viera el show?
Gracias.
Martes, 19 de Abril de 2011 a las 14:16
“La idea le surgió a Roger Waters cuando en un concierto de la gira de Animals en Montreal, (denominada Pink Floyd-In The Flesh), el comportamiento agresivo de un fan de primera fila condujo a Waters a escupirle en la cara. Inmediatamente disgustado consigo mismo y con lo que llegaban a ser algunos megaconciertos, Waters comenzó a fantasear con la idea de construir un muro entre el escenario y la audiencia, lo que llevó posteriormente a la concepción del álbum. Hay que comprender que Pink Floyd siempre abordaba sus espectáculos para que lo principal fuera lo visual y lo sonoro, dejando normalmente al grupo en un segundo plano en la penumbra del escenario. Así, sobre todo, Waters sentía rechazo por la alienación que percibía entre los fans con los grandes grupos y superestrellas del rock, (de hecho, en su carrera posterior en solitario solía rehuir los grandes espacios) y esta semilla está en la concepción de The Wall y forma parte expresa de la historia en los temas “In The Flesh” y “Young Lust”. A esta idea se le añadieron otros “ladrillos” como la guerra, la sobreprotección materna, el fracaso sentimental, la violencia policial, la educación infantil o la locura (Syd Barrett -fundador del grupo- dejó el grupo por ella), llegando a construir el esqueleto conceptual del muro (The Wall).”
Texto extraído de: http://es.wikipedia.org/wiki/The_Wall#El_principio