Justicia por calambres: Sed de Mal de Orson Welles
Publicado el Miércoles, 12 de Diciembre de 2007 por Luis Ponce de León ValduezaEn algún lugar de los 2.400 kilómetros de frontera entre Estados Unidos y Méjico se desarrolla la historia de “Sed de Mal”. Allí la ley se llama Hank Quinlan (Orson Welles), un policía pesado y cojo. En un lugar donde el límite lo marca el bastón de Quinlan, aparece el señor Vargas (Charlton Heston), un alto cargo mexicano. Recién casado con una mujer anglosajona (Janet Leigh), la pareja aparece en el inicio de la película tras un larguísimo plano secuencia que pasó a los manuales de la cinematografía.
El guión confronta dos personalidades muy dispares: la de Quinlan, un cínico y corrupto policía en otra época dado a la bebida y la mala vida, y la de Miguel Vargas, un hombre honrado, idealista, tenaz y metódico en su trabajo. La mujer de Vargas, Susan, es otro de los ejes sobre los que pivota el guión.
El azar une a los dos investigadores en el caso de la muerte de Mr. Linnekar. La manera de proceder en las averiguaciones, perfila el carácter de los dos. Quinlan acusa y condena a golpe de intuición, las pruebas son lo de menos. Por contraste se presenta Vargas que observa indignado el proceder del primero.
Desde el principio se presenta una situación provocativa para los personajes de la película: el matrimonio entre un mexicano y una mujer anglosajona. El profundo odio de Quinlan a los mexicanos contrasta con la relación Susan – Vargas.
Se sugiere continuamente la inconsistencia y el desorden de los puestos fronterizos. La ambientación es sucia y desaliñada a ambos lados de la aduana. La delincuencia, los mafiosos y el tráfico de drogas se muestran directamente. El vaivén de Susan por los moteles alude a la incomodidad de una mujer occidental en un mundo incivilizado. La frontera se convierte en la línea de contraste entre el mundo rico y el pobre donde la delincuencia es una profesión para los habitantes de esos endebles decorados.
Siempre merece mención aparte una banda sonora dirigida por Henry Mancini. Sed de Mal fue el primer trabajo del compositor. La película comienza con una canción muy viva que acompaña al famoso plano secuencia. Una de las técnicas novedosas que introdujo el pianista de Cleveland es la repetición de la pieza principal en momentos escogidos de la película. Sin duda, Sed de mal gana en emotividad en esos momentos álgidos en los que suenan las melodías de Mancini.
La tensión se desata en la escena del motel americano donde los esbirros de Joe Grandy con un estilo de James Dean, secuestran a Susie, ante un testigo turbado con aires de Anthony Perkins en Psicosis.
El bueno de Vargas llevado por la ira deja de ser policía para convertirse en marido, aunque con la suficiente templanza como para preparar una encerrona a Quinlan. Con una borrachera galopante, Hank tiene un momento de claridad. El personaje se descubre en sus propias palabras. Odia el idealismo que probablemente perdió tras el asesinato de su mujer. Desencantado con la vida culpa al lugar y sus gentes. Se venga de todos tomándose la justicia por su mano. Justifica su modo de vida y su caciquismo. Al fin y al cabo no concibe estar al servicio de la ley si ésta no coincide con la intuición de su pierna.





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