Unos reveladores Arizona Baby combustionaron la fría sombra de Clem Snide
Publicado el Domingo, 21 de Marzo de 2010 por Ana NúñezLas expectativas de la noche del pasado viernes eran grandes, pero la duda acechaba. La sala Mephisto, metalera y hard-rockera por excelencia, acogía a dos bandas inconexas, hermanadas por el festival Heineken, tan dispares como los grandiosos Clem Snide y la sorpresa nacional del momento, Arizona Baby. Una grata e intrigante cita, prometedora de ser recordada en lustros venideros.
Frialdad desafortunada 
Con su último trabajo, The Meat of life (429 records, 2010), y seis álbumes más a sus espaldas, Clem Snide se presentaba como el plato fuerte de la noche. Pero para sorpresa de los cuatro gatos allí presentes, los primeros en asomar pernera fueron los mismísimos norteamericanos, ataviados con sus elegantes trajes y dispuestos a llenar una sala poco afín al estilo denominado ‘americana’. A pesar del desolador panorama, los de Eef Barzelay, acompañados en esta gira por el armonioso chelo de Carole Rabinowitz, arrancaron con ‘Wallmart Parking Lot’, ‘Denise’ y ‘Meat of Life’; los tres primeros temas de su último disco. Un gran empiece que sin embargo no cuajó en una sala aún carente de público y poco dispuesta a responder al nuevo resurgir de los de Eef. El sonido tampoco acompañaba.’ Los siento, lo siento’, susurraba el líder de Clem Snide, para dar paso a una retahíla de antiguos y aclamados éxitos.
‘Don’t be afraid of your anger’ y ‘Ice Cube, del respetado y vitoreado The Ghost of Fashion (spinART Records, 2001) dieron paso a ‘Something beautiful’, del soberbio End of Love (spinART Records, 2005). Barzelay se revolvía y vibraba con cada uno de sus composiciones, intentaba atraer a las rockeras almas de los allí presentes con su humor irónico y aullido desesperado, pero la suerte no les acompañaba esta noche. El público esperaba a los vallisoletanos y el constante aviso, por parte del lider de Clem Snide, de que el final se acercaba resultaba aún más irónico que el llanto que el propio Eef dilató como colofón de ‘Fight song melodies’, tema que compuso para la banda sonora de Rocket Science. Otro fruto de The ghost of fashion, ‘No one’s more happy than you’, derivaba en el intenso ‘BFF’ para, sin más dilación, despedir al público y regresar poco después con el emotivo ‘Your favorite music’, interpretado a dúo entre Barzelay y Carole. Inesperado gélido encuentro entre un prometedor Clem Snide, rendido antes de tiempo, y un público de áspero paladar.
La calidez del desierto
Pero para sorpresa y consuelo de los allí presentes, sobretodo para los que nos sentimos irrefrenablemente seducidos por la banda de rock de raíces y country alternativo, aparecieron tres tipos barbudos, de espesa melena y apariencia enredada entre el neo-hipismo y el más puro estilo del lejano oeste, preparados para levantar el ánimo del personal. Enfundados en sus escuetos tres instrumentos; dos guitarras acústicas a manos del predicador Javi Vielva y el virtuoso Rubén Marrón, y Marcos Úbeda a la percusión, los vallisoletanos arrancaron aplausos e inundaron la sala del buen rollo que les caracteriza.
Hicieron un recorrido por su segundo y último disco, Second to None (Subterfuge, 2009) haciéndonos vibrar con temazos como ‘The Truth’, ‘Dirge’, ‘Muddy River’ o los más pegadizos ‘Shiralee’ y ‘A tale of the west’. Tampoco faltaron ‘Getaway’, ‘Runaway’ y ‘Ouch!’, melodías reposadas pero de igual crudeza que sus compañeras. Exhibición cercana, amena y ornamentada, para consagración de los susodichos, por los intimistas y arrebatadores solos de guitarra del Sr.Marrón y una ingeniosa y fluctuosa percusión. No faltaron tampoco varias roturas de cuerda de la guitarra de Javi, ante lo cual respondió con un tajante y convincente ‘nunca os fiéis de un grupo que no rompe cuerdas, eso es que no le echan ganas’. Simpáticos, peleones y algo quemados por los constantes fallos técnicos que afectaron a las pantallas, prosiguieron la velada far west rescatando temas de su primer disco, Songs to sing alone (Subterfuge, 2005). Así pudimos escuchar ‘Everything’ o ‘Sing along’, y una grata versión del tema Sandman, compuesta por América en 1972, antes del primer aviso de que, o terminaban la velada, o el local cerraba sus puertas con todos los allí presentes dentro. Las prisas y el sonido jugaban en contra, pero el genio inquieto de los Arizona invocó a los santos del santoral, se saltó el riguroso retorno al escenario y los tres protagonistas nos deleitaron con otra versión, Lucille, de Litte Richard. Magnífico final, quizá algo empañado por causas ajenas a los músicos, pero igualmente revelador.
Fotos: Jordi Berenguel





































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