Crónica

ABR 27 2010

Ambiente familiar entre Port O’Brien y Laura Gibson

Laura Gibson · Razzmatazz · Barcelona

Texto y fotos

Crónica por Ana Núñez

Fotografía: Ana Núñez

Cuando la expectativa no es más que mera curiosidad el resultado puede llegar a convertirse en uno de los mejores momentos vividos. Seguramente los haya habido más intensos pero el concierto del pasado martes, 27 de abril, en la íntima Razz 3, se convirtió en un divertidísimo encuentro entre Port O’Brien , Laura Gibson y los pocos afortunados que acudimos al encuentro. No fue un gran recibimiento. De hecho, la sala, ya pequeña de por sí,,no estaba a rebosar, pero poco a poco el ambiente acabó desbordando euforia….pero, mejor será que empecemos por el principio.

La cantautora de Portland (Oregon) fue la encargada de abrir la noche. Acompañada únicamente por su guitarra, y ante un público aún ausente, desveló una íntima y deliciosa voz al más puro estilo Laura Veirs o Will Oldham. Fantástica e idílica para unos pocos y agradecidos oídos que rozábamos el escenario. Posteriormente, acompañada por un teclado multi-instrumentalista, Laura sonó aún más deleitosa. Deambuló por su último disco, ‘Beasts of Seasons’ (Hush, 2009) en una línea folkie marcada por una afinada y sutil voz que difícilmente se percibió a causa del generalizado murmullo. Gente maleducada hay en todas partes. Lástima. En fin, nos quedamos con su cálida exhibición y un posterior acercamiento que esperamos repetir pronto.

Desde que M. Ward les eligió como mejor grupo en Pitchfork, la carrera de los californianos Port O’Brien no ha hecho más que ascender como la espuma. Y visto un directo de ellos, no puedo más que confirmar que estos chicos tienen garra. Aún sin su única componente femenina, Cambria Goodwin, el resto del conjunto, liderado por Van Pierszalowski, demostró una energía inconmesurable a lo largo de todo un repertorio que osciló entre sus últimos discos; ‘All we could do was sing’ (City Slang, 2008) y ‘Threadbare’ (TBD Records, 2009). Al escuchar sus discos, uno imagina un sonido a caballo entre el folk, soft-indie e incluso con trazos de rock melódico pero lo que allí vimos fue un auténtico despliegue de potencia, remarcado por el doble golpe de una frenética percusión. Un más que sorprendente y gratificante directo conducido por los gestos y la voz de un Van con escaso espacio para expandir sus furiosos aspavientos.