Crónica

FEB 9 2011

¡Hasta siempre, Madee!

Madee · Apolo · Barcelona

Texto y fotos

Crónica por Rosario López

Fotografía: Rosario López

¡Hasta siempre, Madee ! Hay grupos que más allá de su innegable talento como músicos, se las apañan para dejar una huella inborrable en las emociones de toda una generación. Ése es precisamente el caso de Madee. Decir que han tenido 8 años de carrera, 4 discos publicados y que tienen uno de los mejores directos del panorama estatal, sólo son hechos objetivos, insuficientes para describir la verdadera esencia de su carrera.

Una carrera a la que tras inumerables noches juntos, tras grandes alegrías para un público fiel e incondicional, el grupo ha decidido poner fin. Lo hicieron con unos conciertos de despedida por varias ciudades, y el escenario de su “hasta siempre” a la ciudad de Barcelona fue una sala Apolo llena hasta la bandera.

En medio de un ambiente en que se respiraban a partes iguales la melancolía y expectación, la banda subió sonriente y satisfecha al escenario. Sin más dilación arrancaron los primeros acordes inconfundibles de la noche, y es que empezaron directamente con la canción que quizá sea su buque insignia, y que muchos esperábamos que sería la encargada de finalizar el setlist en vez de comenzarlo, Orion’s Belt . Épica y sobretodo desgarradora, porque todos sabíamos que era la última vez que podríamos escuchar esa marea de emociones que es escucharla en directo, fue sólo el principio de una noche en que ofrecieron un sincero recorrido a lo mejor de cada uno de sus discos, con esos temas tan sencillos como épicos, tan preciosistas como llenos de energía, y siempre y ante todo honestos, consigo mismos y con quienes hemos estado enfrente del escenario durante tantos años.

The Wounded , Fallen Heroes , Alnitak , Polonium , Jinniyah … las canciones-himno se sucedían, dejándonos la sensación de que cada nuevo tema era nuestro preferido o lo mejor que habían creado nunca. Pese a que Ramón, Pep, Adam, Lluis, Capi y Marc no han dado muchos conciertos juntos frecuentemente en el último par de años, nadie lo diría: todo sonaba tan preciso como real y fresco, y la complicidad entre los componentes del grupo era obvia, con miradas de reconocimiento y sonrisas y bromas.

No importaba que con los nervios una canción empezara con una batería que no era, o que una cuerda de guitarra cediera en medio de una canción ante el incontenible raudal de energía, todos los contratiempos se salvaban con buen humor y con guiños a un público al que trataban de igual a igual.