Crónica

DIC 30 2010

Los incombustibles Aerosmith llenan en Barcelona

Aerosmith · Palau Sant Jordi · Barcelona

Texto y fotos

Crónica por Eva Jiménez

Auténtico, vibrante, eléctrico…y así hasta agotar un gran número de adjetivos que bien nos valdrían para definir el concierto que dio Aerosmith en el Palau Sant Jordi de Barcelona, en el que fue su único concierto en nuestro país dentro de esta gira. Multitud de camisetas negras, muchas de KISS y también de AC/DC, pañuelos atados en la frente y botas camperas para un público que, con edades de lo más dispares, había venido desde cualquier rincón a su cita con los de Boston. El Palau Sant Jordi aparecía diferente que en su última gran cita, KISS, la noche del 24 de junio, con muchas más hileras de asientos para todos aquellos que preferían disfrutar del concierto sentados.

Los teloneros, The Cribs, empezaron muy puntuales a las 20.45 con el Sant Jordi aún sin llenar el aforo, y aunque estuvieron 45 minutos sobre el escenario con un pop-rock en ocasiones muy cañero, les faltó el carisma necesario para hacer entrar en calor al público que ya nos encontrábamos allí y al que iba llegando y llenando gradas y pista. Al filo de las diez de la noche, con una puntualidad casi británica, se desplegó una gran tela que cubría todo el escenario con el logotipo de Aerosmith, que en los primeros compases del Love in an elevator (Pump, 1989) caería al suelo dando paso al incombustible Steven Tyler, por el que si bien pasan los años físicamente, no hacen mella en su presencia en el escenario. Ni en la suya ni en la de su ‘Toxic Twin’ Joe Perry, tampoco en la del resto de componentes del grupo: Kramer, Whitford y Hamilton.

Los de Boston fueron desgranando poco a poco muchos de sus grandes éxitos, a Back in the saddle (Rocks, 1976) le siguió Falling in love (is hard for the knees) (Nine lives, 1997) y tras ésta una estupenda interpretación de Eat the rich (Get a grip, 1993) con la que el público que no había dejado de cantar en ningún momento, comenzó a rendirse por completo a los movimientos excéntricos, miradas descaradas a la cámara y agudos imposibles de Tyler.

Con Living on the edge (Get a grip, 1993) pudimos disfrutar de un gran juego de luces al ritmo de la batería de Kramer, aunque el sonido en ésta y otras canciones no estuviese a la altura de un concierto así. En What it takes (Pump, 1989) dejaron paso a que el público corease parte de la letra.