Crónica

FEB 13 2009

Poderío femenino: Amanda Palmer y The Danger Ensemble en Barcelona

Amanda Palmer And The Danger Ensemble · Barcelona

Texto y fotos

Crónica por Oscar Caselles

Fotografía: Rosario López

Viendo el mítico teclado tuneado a lo “Kurt Weill” como único habitante mudo del escenario antes del comienzo del concierto, la noche comenzaba ya con una gran incógnita desde el segundo cero: ¿conseguiría Amanda Palmer igualar en directo con su proyecto en solitario el derroche de emoción e intensidad que caracterizaba a los conciertos de The Dresden Dolls?

Voy a admitirlo: aunque su disco en solitario, Who Killed Amanda Palmer?, está lleno de pequeñas joyas, servidora no veía del todo claro cómo iba a suplir en esta nueva etapa de su carrera el virtuosismo a las baquetas y ese gran carisma que aportaba en The Dresden Dolls la otra mitad del grupo, el genial Brian Vigglione. Pero Amanda Palmer no sólo demostró que la dinámica de sus conciertos es distinta a la de The Dresden Dolls, sino que además, lejos de venir estrictamente en solitario, supo rodearse de nuevo de la mejor compañía.

La noche empezaba con la presencia en el escenario casi a oscuras de un violinista y un miembro de la compañía teatral que la acompaña en esta gira, The Danger Ensemble, que parecía dispuesto a ejercer de maestro de ceremonías. Ante un respetuoso silencio de toda la sala, éste último anunció que traía las peores noticias: el concierto no se podía celebrar porque Amanda Palmer acababa de morir. El violinista empezó a interpretar un dramático solo de violín que nos puso a todos el vello de punta, mientras una voz de off informaba de la conmoción que había sacudido al mundo tras la muerte de la artista, y el resto de los integrantes de The Danger Ensemble, vistiendo a lo steam punk, avanzaban por el escenario solemne y lentamente, como un cortejo fúnebre.

Fue entonces cuando hizo aparición la “fallecida” Amanda, su cara oculta por un velo a lo Novia Cadáver, avanzando hacia el frente de la sala entre el público. Ante la sorpresa de los asistentes, subió al escenario algo desorientada (es lo que tiene estar muerta) con la ayuda de su “cortejo fúnebre”, hasta que sentada al teclado, la línea de violín llegó a un punto álgido, y con Amanda casi desmayada sobre su teclado, le arrebataron el velo y “resucitó” ante nuestros ojos.

Y lo hizo abriendo el concierto con una enérgica interpretación de «Astronaut», primer corte del disco, que aunque sonó algo más suave al estar apoyado sólo en piano y en el elegantísimo violín, nos emocionó por igual ante una Amanda capaz de pasar de tocar el piano y cantar con la mayor delicadeza posible a dar golpes secos a su instrumento y dejarse llevar por la rabia al segundo siguiente. Vestida valientemente con apenas un sexy corsé con cola de volantes, culotte, botas militares y medias de rejilla, y maquillada con pequeños detalles de estética mimo, desde el principio resultó imposible quitarle la vista de encima. Siguió con «Ampersand», de marcado corte intimista y línea de piano especialmente pausada, que parecía augurar una noche personal e introspectiva, casi un recital de autor de piano, alejada del descaro al que nos tenía acostumbrados con el “cabaret punk” de su anterior proyecto.

Pero si hay algo que caracteriza a Amanda, sea ahora o en su época The Dresden Dolls, es la capacidad de dar giros inesperados a cada concierto, haciendo que no haya dos noches iguales, y lo demostró con su siguiente canción, ni más ni menos que una versión de «My Favorite Things», de la BSO de Sonrisas y Lágrimas, que sonó pícara y cabaretera. Interesantísimo además el tira y afloja que mantuvo con el violinista en el final del tema, que nos tuvo en vilo a todos los asistentes y en el que gestos y sonrisas dejaron clara la complicidad entre ambos.