Crónica
Blood Red Shoes en un Martes y trece
Texto y fotos
Crónica por Jose Cornide
Fotografía: Jose Cornide
Hay días que es mejor quedarse en la cama tranquilamente. O a lo mejor es que hay profesiones que es mejor no escoger. Si te vas a dedicar a ser músico y actuar en directo es mejor que tengas un mínimo de manga ancha y sepas sobreponerte a algún que otro percance que te pueda salir al camino. Parece que eso le falta a Blood Red Shoes, según lo visto en Razzmatazz.
Blood Red Shoes tienen algún que otro single y EP editado y este año han sacado su primer disco, Box of secrets. El disco es una colección de temas de aceradas guitarras punk y una potente batería. No hay más, Laura-Mary Carter (guitarra) y Steven Ansell (batería) solo han necesitado de eso. Ni siquiera la producción es demasiado elaborada.
Así que tenía cierta curiosidad por verlos en directo. Ver cómo se las arreglaban sobre las tablas y ver si la energía que emana el disco en algunos temas como «I Wish I Was Someone Better» o «You Bring Me Down» tenía reflejo en directo.
Vamos a abreviar que tampoco vale la pena ahondar mucho en el tema. Comienzan con «It’s Getting Boring by the Sea», a Laura se le pone una cara de niña con juguete roto de lo más larga y se va a hablar cada dos por tres con el técnico de sonido. Al parecer oye su voz demasiado fuerte por los auriculares que lleva. Siguen con «How to Pass the Time», cara cada vez más de niña encaprichada. «You Bring Me Down» y vuelta a hablar con el técnico en medio de la canción.
Cara ya muy larga, desidia como no había visto en mucho tiempo encima de unas tablas, mientras su compañero Steve pone toda su alma en intentar que no se caigan los temas. Lo paradójico del caso es que estaban sonando bastante bien.
Tocan un par de canciones más y Laura sale a toda leche del escenario, con Steven detrás. Veinte minutos después, mientras el técnico de sonido volvía a probar batería, guitarra, micros, etc., reaparecen en escena. Tocan dos canciones más (terminan con «I Wish I Was Someone Better») y para casa.
A destacar la educación del público, no hubo una sola mala palabra. Más bien todo lo contrario, aplausos a la vuelta de los músicos y todavía hubo palmas al ritmo de las baquetas de Steven. Total, una escenita más propia de una función de fin de curso en la que la niña no quiere salir a escena porque no le queda bien el traje de ángel que, de los que supone que son, una banda profesional que cobra su buen dinero por actuar en directo (18 euros pagó el respetable). Para olvidar, a otra cosa.
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