Crónica
Pat Metheny Trio y Enrique Morente en Barcelona
Texto y fotos
Crónica por Jose Cornide
Fotografía: Jose Cornide
Hay veces en que lo único que importa es la música. Da igual la edad, color, lugar, idioma… todo pasa a un segundo plano. De alguna forma el ser humano se las ha arreglado para poder emocionar unos a otros sin necesidad de explicar nada, solo plantándose delante de ti y emitiendo sonidos.
Pat Metheny y Enrique Morente forman parte de ese tipo de gente. El primero salió él solo para interpretar dos temas antes de que su banda (Antonio Sánchez a la batería y Christian McBride al bajo) le acompañaran. Cualquiera de estos tres músicos podría haber dado un concierto él solo sin ninguna dificultad. Es difícil explicar lo que consiguen los tres juntos, pero emociona.
Hora y media de temas que subían y bajaban sin más guía que el instinto o el talento para la improvisación, solos de batería que hacían perder la vista intentando seguir los brazos de Antonio Sánchez y líneas de contrabajo que te ponen los pies en movimiento en la butaca. Tras cada tema el público estallaba en ovaciones cada vez más estruendosas.
Tras eso Pat Metheny presentó a Enrique Morente e interpretaron juntos un tema surgido de la colaboración entre ambos. Hay que quitarse el sombrero ante Morente. Además de ser uno de los grandes con mayúsculas es, seguramente, el más inquieto. Su catálogo de colaboraciones va desde Sonic Youth a Lagartija Nick y siempre impulsadas por él.
Estuvieron él y su banda una hora en el escenario, sublimes. Y de nuevo se les unieron Pat Metheny y su banda. A un lado estaban Pat y su banda, al otro la de Enrique Morente. Y este en el centro.
La fusión entre los dos géneros no era tal. No se distinguía dónde terminaba uno y empezaba otro. No sé cómo ocurrió pero parecía que jazz y flamenco hubiese sido un mismo género musical. La naturalidad con la que encajaban los sonidos del contrabajo, la batería y la guitarra de Pat con la guitarra flamenca y los cantares de Morente dejó boquiabierto a más de uno.
Y en el medio Morente, mirando a un lado y a otro. Satisfecho. Orgulloso. Tenía cara de estar pensando “Si ya sabía yo que esto tenía que funcionar”. Qué razón tenía, Maestro.
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