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Crónica

FEB 27 2011

The Swell Season, sentimientos a flor de piel

Glend Hansard · Apolo · Barcelona

Texto y fotos

Crónica por Raul Casal

El concierto del pasado sábado 27 de febrero estaba planteado en un formato diferente ya que en un principio era con asientos. Pero la banda prefirió prescindir de las sillas y duplicar el aforo con 450 nuevas entradas a la venta. Lo que en un principio era un sold out desde hacía meses, pasó a ser una sala con tres cuartas partes del aforo lleno. No se comunicó adecuadamente ya que en ticketmaster, días antes del concierto, seguían informando de las entradas agotadas. La velada la abrió el americano Josh Ritter a solas con su voz y su guitarra. El estilo etiquetado entre el folk, rock y country camina más sobre terrenos de este último estilo comentado. En uno de los temas quiso ambientar tanto romanticismo que decidió interpretarlo totalmente a oscuras y, más que llamar la atención del público, la desvió. Acabó su breve intervención de media hora con un tema cantado a capela y con la guitarra desenchufada. En este caso acertó y la sala quedó inmersa en un absoluto silencio para escuchar al americano desenchufado. Llegó el turno de los protagonistas pocos minutos después de la hora prevista. Se presentó ante al eufórica audiencia un Glend Hansard en solitario con su guitarra, emulando sus principios como músico callejero, con la caja desgastada y agujereada (era el diseño, no estaba realmente tan vieja y usada). Tras esta introducción salío a escena Marketa Irglová y el resto de los músicos para deleitarnos, transmitiendo emociones y sentimientos a través de cada nota musical, hasta los últimos minutos de la noche del sábado.

Glend se plantó sobre el escenario como el auténtico frontman de la formación musical demostrando su largo currículum con The Frame (ex banda con 6 discos publicados y largas giras internacionales). El irlandés no dejaba de hablar con el público, de buscar esa cercanía y emotividad que transmite en todo momento. Su forma de tocar es cruda y directa, rasgaba el cordaje de la guitarra con tanto entusiasmo y energía que le llevó a romper hasta tres cuerdas, dos de ellas en la misma canción. Su voz entremezcla melancolía y tristeza que se truncan, con subidas de tono hasta alcanzar registros altísimos, en desgarrantes gritos de agonía. Todo ello interpretado de forma impecable. En un segundo plano, en cuanto a presencia escénica, encontramos a una muy sobria, tímida y agradable Markéta Irglová. La checa llenaba sobradamente la falta de protagonismo físico con una voz celestial, sin tantos cambios de registro como su pareja, pero con una armonía que junto a las notas de piano erizaban la piel de todos los presentes en la sala Apolo. Y es que si este dueto se compenetran tan bien a nivel personal como la hacen en el musical deben ser un ejemplo a tomar en las relaciones de pareja.