Crónica
La madre de todos los tributos: The Australian Pink Floyd Show
Texto y fotos
Crónica por Jose Cornide
Fotografía: Jose Cornide
Si la dimensión del impacto de los grupos musicales se midiera por lo profesional y espectacular de sus bandas tributo, Pink Floyd serían los más grandes. Resulta increíble ver que una banda tributo, de versiones, pueda llegar al nivel de grandilocuencia de The Australian Pink Floyd Show.
En los aledaños del Sant Jordi Club podían contarse hasta cinco tráilers y dos autobuses de dos pisos para el personal de la gira. Semejante despliegue de vehículos encontraba su explicación en el interior: encima del enorme escenario hasta diez músicos (tres coristas, un batería, un percusionista, un teclista, dos guitarristas, un bajista y un cantante) interpretaban con precisión milimétrica los temas de The Wall.
Detrás de ellos, en una enorme pantalla de proyección, se intercalaban animaciones de la gira de The Wall junto con bastantes de cosecha propia. Bastantes canguros de por medio, lo más simpático la figura de los mismos en los clásicos martillos de The Wall.
El espectáculo de luces solo desmerecía si se lo comparaba con el original de una gira de Pink Floyd pero estaba bastante por encima de cualquier gira actual (hay que recordar que estamos hablando de una banda tributo).
Y en cuanto a las canciones… en general la imitación era más que buena, excelente. «In the flesh», «Another brick in the wall» o «Empty spaces» resultaban difícil de distinguirlas de las originales.
Tras «Goodbye cruel world» hubo un descanso de veinte minutos tras el cual vino la parte final de The Wall. El momento álgido llegó en «Comfortably numb»: luces, láseres y una interpretación del mítico solo final de Gilmour más que digna. Levantó al público de las butacas.
Tal vez donde más parecieron perder el hilo de los originales fue en «Run like hell», pero lo compensaron finalizando con el «Outside the wall» con todos los miembros de la banda cantando y tocando guitarras acústicas, acordeón y clarinete.
El generoso setlist todavía deparaba unas dulces golosinas para los incondicionales: «Shine on your crazy diamond» fue también de lo mejor de la noche, le siguió la inevitable (no se concibe una banda de versiones de Pink Floyd que no la toque) «Wish you were here».
En esta parte del concierto el espectáculo sacó a relucir… ¡el cerdo volador! La verdad es que cuando le vi aparecer por el lateral del escenario no me lo podía creer. Una enorme figura de cerdo hinchable de no menos de tres metros de alto miraba amenazante al público con sus ojos luminosos. No se reparó en gastos.
Terminaron, después de rendir homenaje a Richard Wright proyectando su imagen en las pantallas gigantes, con los últimos temas de The Dark Side Of The Moon: «Brain damage» y «Eclipse».
No creo que ninguno de los mil quinientos asistentes diera por malo el dinero invertido en la entrada. Ya no volveremos a ver a Pink Floyd en un escenario, pero el espectáculo The Australian Pink Floyd resulta muy digno. Y eso hablando de Pink Floyd es mucho decir.
Galería
Fotos de Jose Cornide
