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Crónica

MAR 6 2009

La madre de todos los tributos: The Australian Pink Floyd Show

Men Among Animals · Sidecar · Barcelona

Texto y fotos

Crónica por Jose Cornide

Fotografía: Jose Cornide

Si la dimensión del impacto de los grupos musicales se midiera por lo profesional y espectacular de sus bandas tributo, Pink Floyd serían los más grandes. Resulta increíble ver que una banda tributo, de versiones, pueda llegar al nivel de grandilocuencia de The Australian Pink Floyd Show.

En los aledaños del Sant Jordi Club podían contarse hasta cinco tráilers y dos autobuses de dos pisos para el personal de la gira. Semejante despliegue de vehículos encontraba su explicación en el interior: encima del enorme escenario hasta diez músicos (tres coristas, un batería, un percusionista, un teclista, dos guitarristas, un bajista y un cantante) interpretaban con precisión milimétrica los temas de The Wall.

Detrás de ellos, en una enorme pantalla de proyección, se intercalaban animaciones de la gira de The Wall junto con bastantes de cosecha propia. Bastantes canguros de por medio, lo más simpático la figura de los mismos en los clásicos martillos de The Wall.

El espectáculo de luces solo desmerecía si se lo comparaba con el original de una gira de Pink Floyd pero estaba bastante por encima de cualquier gira actual (hay que recordar que estamos hablando de una banda tributo).

Y en cuanto a las canciones… en general la imitación era más que buena, excelente. «In the flesh», «Another brick in the wall» o «Empty spaces» resultaban difícil de distinguirlas de las originales.

Tras «Goodbye cruel world» hubo un descanso de veinte minutos tras el cual vino la parte final de The Wall. El momento álgido llegó en «Comfortably numb»: luces, láseres y una interpretación del mítico solo final de Gilmour más que digna. Levantó al público de las butacas.