Crónica
Concierto de Monotonix en Barcelona, Sala Be Cool
Texto y fotos
Crónica por Oscar Caselles
Fotografía: Rosario López
El trio Israelí de rock garage Monotonix se encargó de poner color a un aburrido martes noche en la sala Be Cool. Tanto lo que les habían visto liarla parda en la pasada edición del Primavera Sound como los que no, sabían que el espectáculo estaba asegurado.
Vinieron a presentarnos su nuevo disco recién editado “Not yet” que grabaron el año pasado por el druída Steve Albini en los míticos Electrical Audio de Chicago. Un Dj se encargó de amenizar la espera, mientras que los tres músicos Israelís, fácilmente reconocibles por sus abultados pelos rizados, iban montando los amplis de guitarra al filo del escenario y el set de batería en medio de la pista.
Mientras su carismático vocalista Ami Shalev comenzaba a hacer calentamientos por la sala, el guitarrista Yonatan Gat y el sufrido baterista Haggai Fershtman descansaban en un sofá plácidamente. Poco a poco fué llegando más gente a la sala, aunque menos de lo esperado ante tan incendiario evento.
Con el público rodeando a la banda, en un visto y no visto el vocalista Ami se quedó en pantalon corto y comenzó a liarla como él solo sabe. El inicio fué un desenfrenado ejercicio de saltos encima de la batería o encima del propio Haggai, y de lanzamientos de agua o cerveza tanto a su propia banda como al público. La escena era de lo más pintoresca con gente corriendo de un lado al otro entre carcajadas evitando las graciosas perrerías del loco vocalista.
Al finalizar cada tema el escaso kit de batería sin microfonar se iba desplazando de punta a punta de la sala haciendo del show un espectáculo en continuo movimiento. Una de las barras de la sala fué un blanco perfecto para que Ami se metiera dentro y comenzara a tirarse cubitos encima sin dejar el micro ni un momento.
Luego pidió a la gente que lo alzara para tocar el goliath en el aire entre un amasijo de gentío en trance. Los pegadizos riffs de guitarra de Yonatan y la machacona batería de Haggai eran perfectos rompecuellos para que el peludo Ami con su actitud de profeta enloquecido consiguiera contagiarnos tal frenesí.
El show fué corto pero muy intenso y todos salimos de allí con una sonrisa de oreja a oreja. Tal como definió alguien muy acertadamente, asistimos a todo un Chiquipark para rockeros.
