Crónica
Efervescencia juvenil: The Joy Formidable en Barcelona
Texto y fotos
Crónica por Rosario López
Fotografía: Rosario López
Nunca antes un grupo musical había escogido con tanto acierto su nombre. El trío galés llegó a Razz 3 para presentar su último trabajo, The Big Roar , y convenció con creces al público con una propuesta tan alegre como rockera.
Como ha ocurrido en el pasado con tantas otras bandas, ha sido en el Reino Unido donde primero ha dado la campanada este trío. Su popularidad creció como la espuma tras telonear ni más ni menos que a Editors en su gira europea, cuando aún no tenían siquiera un larga duración en el mercado. Su álbum de debut, A Balloon Called Moaning, acabó de confirmar el enorme potencial del grupo.
Quienes no les hayan escuchado aún se preguntarán a qué se debe tan repentina popularidad, pero a quienes les vimos el otro día no nos queda ninguna duda de que esto no es un hype más, muy al contrario. Lo suyo no son los adornos, sino la clásica formación básica, con la vocalista Ritzy Bryan ocupándose de la guitarra, Rhydian Dafydd a cargo del bajo y los coros, y Matt Thomas al set de batería.
Y con eso se las bastaron para convertir a un público expectante en un revoltijo de euforia y manos al aire. Sin grandes puestas en escena, sin poses accesorias, Ritzy Bryan dejó claro lo que es ser una frontwoman de los pies a la cabeza: lo suyo es mantener el contacto visual con el público, sonreir dejándose llevar por sus propias canciones, rasgar las cuerdas de su guitarra con intensidad punk o sensibilidad post-rockera según se tercie.
Enfundada en un vestido corto de terciopelo, no paró quieta un solo momento e hizo totalmente suyo el pequeño escenario de Razz3, perfectamente arropada por los ritmos frenéticos de Matt y por los fantásticos coros de Rhydian al bajo (fantástica química la que muestran en directo, con guiños y una proximidad física que rozan el coqueteo).
En directo la principal baza de este grupo son los temas más animados, donde pueden dar rienda suelta a toda su energía y dejar claro el control total sobre sus instrumentos, y “Austere”, “I Don’t Want to See You Like This” y sobretodo una “Craddle” inmensa fueron los puntos álgidos de la noche.
Lo que hemos presenciado esta noche ha sido una fiesta de post-punk bailable y rabioso decorado con un dulce envoltorio indie pop, un homenaje a la efervescencia de quienes nos sentimos jóvenes y capaces de comernos el mundo. Es cuestión de tiempo que el boca a boca siga su curso y en la próxima visita de estos galeses todos los barceloneses quieran estar invitados a la gran celebración.
