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Crónica

JUN 27 2013

Mellon Collie y la nostalgia infinita: The Smashing Pumpkins en Razzmatazz

The Smashing Pumpkins · Razzmatazz · Barcelona

Texto y fotos

Crónica por Rosario López

Fotografía: Rosario López

Voy a ser sincera: soy muy fan de The Smashing Pumpkins. Les escuché por primera vez a los doce años (¡gracias, Sputnik!) y desde entonces mi visión de la música cambió para siempre. Por eso, cuando me llegó la noticia de que venían en concierto a Barcelona, no pude evitar ilusionarme ante la posibilidad de poder revivir en directo de nuevo esas grandes canciones que me han acompañado tantos años. Y más todavía en una sala, Razzmatazz, que ofrecía este concierto como plato fuerte de la programación de su 11º aniversario.

Tras el anuncio del nuevo disco del grupo y la actual gira, de entre sus propios fans y el mundo musical han surgido muchas voces críticas hacia Billy Corgan por seguir llamando al grupo The Smashing Pumpkins, pese a ser él el único componente original que queda. Ya cuando tocaron en el Primavera Sound en el 2007 sólo quedaba, aparte del propio Billy, Jimmy Chamberlain a la batería, y eso no evitó que los fans acérrimos disfrutaran el concierto escuchando antiguos hits.

Así que aunque entiendo que la formación actual nunca llegará a tener el mismo carisma y gancho que la original (y nadie le dará a la batería como Chamberlain), ¿preferimos quedarnos sin ver nunca más en directo a The Smashing Pumpkins? Quizá quienes les hayan podido ver en sus giras más tempranas (con el Siamese Dream o el Mellon Collie) responderán que sí sin dudarlo porque les han visto en su mejor momento y las comparaciones son odiosas, pero quienes por lo que fuera no pudimos verles hasta el Primavera Sound (como yo) o hasta ayer mismo, agradecemos la vuelta del grupo.

Yo personalmente fui al concierto medio ilusionada medio escéptica, esperando que el setlist no estuviera compuesto totalmente de canciones nuevas y que no nos encontráramos con ninguna extravagancia de última hora (ya conocemos a Corgan). Los teloneros fueron Ringo Deathstarr, grupo de Denver que desplegó un set efectivo de rock de marcada influencia de las bandas shoegazer de los 90. A nivel estilístico fueron una buena elección para abrir los conciertos de los Pumpkins, y si bien la calidad del sonido no siempre les acompañó durante su actuación, lo compensaron con buenas dosis de noise, golpes de melena grunge de su bajista, y muchos, muchos decibelios.

Y tras la tensa espera habitual que precede al cabeza de cartel, finalmente Billy Corgan, Mike Byrne (batería), Nicole Fiorentino (bajo) y Jeff Schroeder (guitarra) salieron al escenario, que estaba decorado con un gran mural de aspecto psicodélico y luces colgantes típicas de feria sobre sus cabezas, con un cierto toque circense. Sin grandes alardes de grandilocuencia, empezaron reventando tímpanos (casi literalmente) con Quasar y Panopticon, temas que estarán en su nuevo album y que tienen más en común con el lado más rockero y rabioso del grupo que a los devaneos hippies que yo me temía encontrar.

Como un respiro ante tal avalancha de temas nuevos, llegó una de las grandes sorpresas emotivas de la noche: Starla, que sonó increiblemente fresca pese al paso de los años y los cambios en la banda, y para mí fue uno de los mejores momentos del concierto, sobretodo con su estallido noise final. Pero los clásicos no pararían ahí: le seguirían nada más y nada menos que Geek USA, Window Paine y Muzzle, para alegría de un público que se debatía entre saltar como locos con la música o echar la lagrimilla recordando viejos tiempos.

Volvimos al presente con Lightning Strikes, pero en seguida Soma y Siva nos llevaron directas a sus discos Siamese Dream y nada menos que Gish (¡hola 1991!). El setlist estaba compuesto de una manera bastante inteligente, como si, sabedores de que las canciones nuevas eran las grandes desconocidas de la noche, el grupo hiciera un esfuerzo consciente por mantener la atención del público durante todo el set.