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Crónica

NOV 2 2008

Insuperable: These Arms Are Snakes y Russian Circles en la [2]

These Arms Are Snakes · La 2 de Apolo · Barcelona

Texto y fotos

Crónica por Oscar Caselles

Fotografía: Rosario López

Increíble noche la del pasado sabado 1 de noviembre en la sala Apolo2 de Barcelona, ya que gracias a Atzavara tuvimos el placer de disfrutar de un doble cartel de lujo compuesto por Russian Circles y These Arms Are Snakes, casi nada. Los primeros, nativos de Chicago, descritos por ellos mismos como un trío de rock/metal instrumental compuesto por Mike Sullivan a la guitarra, Dave Turncrantz a la batería y Brian Cook al bajo para esta gira (ya les ayudó a grabar las partes de bajo de su segundo y reciente largo titulado “Station”).

Desde que editaran hace varios años su disco debut “Enter” éramos muchos los que ansiábamos el poder ver algún día a este fantástico trío en directo y por fin a las 22.30 horas se hizo la oscuridad absoluta y de entre las tinieblas creadas por varias máquinas de humo distribuidas por el escenario estratégicamente, aparecieron los 3 componentes como si fueran verdaderos espectros.

Una larga intro de loops de guitarra dio paso a la batería megalítica del inicio del temazo titulado “Harper Lewis”, primera joya de su último disco, y que con la batería iluminada desde abajo por un foco situado cerca del Goliat lograba un efecto de niebla muy impactante. Los amplificadores de guitarra a cada lado del escenario le daban a este instrumento una presencia muy contundente, demasiado quizás ya que la batería a veces quedaba un poco difuminada, igual que el bajo.

Luego siguió el tema “Station”, otro trallazo de riffs contundentes y baterías pesadas combinado con una gran técnica, sobre todo de su guitarrista Mike Sullivan, para el que pregrabar arpegios en tiempo real y dispararlos creando así el efecto de dos guitarras no tiene ningún secreto. El concierto siguió con “Carpe”, tema de su primer largo “Enter” y con el que la mayoría de fans de este grupo los descubrimos. Fue un momento muy emocionante, con su guitarrista grabando el primer arpegio a dos manos, como una araña caminando por el mástil, para acabar disparándolo en tiempo real y superponer otro encima. Brutal.

“Versus” nos dió un poco de respiro, sobre todo a nuestros cuellos con su progresión de guitarra oscura y etérea para acabar en un clímax sonoro maravilloso.

“Youngblood” y la frenética “Death rides a horse” fueron sus dos últimos proyectiles para dejarnos a todos devastados de felicidad.

Y es así como llega el turno de These Arms Are Snakes: la última vez que les vimos en la ciudad fue en la sala Be Cool hace un año y medio presentando su anterior trabajo, “Easter”, y ya entonces dejaron claro que son músicos de pura casta y que reparten espectáculo con una entrega y naturalidad envidiables, hasta el punto de que en aquella ocasión su potente directo hizo que en comparación el de los más que respetables cabezas de cartel Cult of Luna me pareciera algo falto de garra.

Esta noche por un momento llego a temer que pase algo parecido pero a la inversa: Russian Circles han dejado el listón muy alto. Pero en cuanto se encienden las luces y toman en el escenario, cualquier duda se disipa: vienen dispuestos a hacerse los amos de la noche, cueste lo que cueste.

“Mescaline Eyes”, de su anterior trabajo “Easter”, es el primer tema de su set y nos explota ante los ojos como toda una declaración de intenciones, con esa descarga de decibelios y los de Seattle que se dejan la piel desde el segundo cero y contagian a propios y extraños con su entrega.

Consiguen calentar al público en un tiempo record mediante los ritmos frenéticos de batería de Chris Common dirigiendo la fiesta, la agresiva guitarra de Ryan Frederiksen y el incombustible Brian Cook tocando el bajo con ese aplomo y esa elegancia que le caracterizan, y sobretodo con el iprevisible vocalista Steve Snere, que desde esta primera canción ya hace de las suyas.

El cantante irrumpe como un torbellino en el escenario y se retuerce, salta, se contonea, gesticula, hace acrobacias con el micro, que sale volando en todas las direcciones posibles, se sube a los amplis para luego tirarse al suelo… Lo suyo sobre las tablas no es una pose, sino una posesión: toda una hipérbole, un elaborado personaje al servicio de la crudeza, ansiedad e incomodidad que reflejan las letras que escribe e interpreta, en las que ni las religiones, ni la política, ni la sociedad misma se salvan de los peores ataques entre referencias crípticas.

Tampoco el público se va a salvar esta noche: Steve es un animal de escenario, impredecible y furioso, rozando lo escatológico a veces (no faltaron sus escupitajos) y experto en invadir el espacio vital ajeno, capaz de intimidar y asombrar al público por igual.

Sin apenas pausa para recuperarnos del trallazo inicial, llega ya el que va a ser uno de los momentos álgidos de la noche, con la contestataria “Shit sisters”, joya sacada de su álbum de debuts “Oxeneers”, repleta de líneas de guitarra aceleradas y esa sensación inigualable de consistencia dentro del mayor caos.

Con ella las primeras filas empiezan ya a dejarse arrastrar por el estado de euforia y locura transitoria que ya no nos va a abandonar durante toda la actuación.

Le sigue “Horse Girl”, con el público envalentonándose por un momento a chillarle al cantante a la cara eso de “treat it like a push pin, push it til it gets in”.