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Crónica

OCT 1 2010

Oceansize en la sala Koko, una noche para el recuerdo

Oceansize · Koko · Londres

Texto y fotos

Crónica por Rosario López

Para los barceloneses que hemos seguido a Oceansize desde hace años, su próxima visita a nuestra ciudad a principios de noviembre (la primera en más de una década de prolífica carrera) será sin duda uno de los mayores acontecimientos musicales del 2010. Con 4 discos y dos EPs a sus espaldas desde que empezaron su andadura con el insuperable Effloresce, los de Manchester han sabido quitarse de encima cualquier etiqueta que intentara clasificarles, ofreciendo algo diferente y excitante disco tras disco y reinventando los límites de la música misma con cada tema.

Quizá no son estrellas del rock, ni disfrutan de la popularidad que merecen, pero quienes les hemos visto en directo sabemos que hay pocas experiencias musicales comparables a la entrega y la maestría instrumental de Mike Vennart y los suyos, y gracias a ello mueven consigo en sus giras a una de las más fieles bases de fans que haya visto nunca en grupos del circuito alternativo.

A apenas un mes vista de sus próximos conciertos en España, dentro de la larguísima gira europea de presentación del grupo de su último disco, Self-Preserved While The Bodies Float Up, me pudo la impaciencia y me tomé un fin de semana para verles en directo en la mítica sala Koko de Camden (Londres) y en el O2 Academy de Oxford, los días 1 y 2 de octubre. Ambos conciertos fueron memorables por diferentes razones, pero las cotas de emotividad alcanzadas con el de Koko hacen que me decante por explicaros éste.

La noche empezó pronto incluso para los estándares de conciertos en Inglaterra: eran apenas las seis y media de la tarde cuando se abrieron las puertas de la carismática sala Koko (un antiguo teatro reformado), ofreciéndonos a los visitantes sus entramados balcones de aire rococó y su altísimo techo decorado.

Media hora más tarde y con la sala ya bastante llena, los jovencísimos Yndi Halda saltaron al escenario a ofrecer lo mejor de su post-rock. Empezaron con la preciosa Dash And Blast, y ya con ella se supieron meter en el bolsillo a toda la sala con esas sublimes líneas de violín que estremecen y esa explosión final que deja boquiabierto.

Su actuación demostró que el directo de este grupo, que ya impresionaba a propios y extraños en sus comienzos, gana en energía y destreza con el paso de los años. El setlist tuvo en vilo a los asistentes, que escucharon en un respetuoso silencio de principio a fin: una pena que les hicieran finalizar su actuación antes de lo esperado por culpa de las restricciones de tiempo de la sala.

A continuación les llegó el turno a This Town Needs Guns, formación de Oxford que con su primer álbum, Animals están empezando a levantar una buena polvareda en el panorama más experimental británico. Lo han hecho con un puñado de canciones bautizadas con nombres de animales en las que combinan sin pudor ritmos asimétricos propios del math rock, toques jazz y guitarras con un cierto aire pop.

En directo sonaron coherentes, frescos y atrevidos, y destacó sobretodo el trabajo de su fantástico batería Chris Collis y el carisma de su cantante, Stuart Smith, que no paraba quieto junto al micrófono y cuyos poco convencionales fraseos vocales acababan de definir el toque personal de la banda. Con temas como la alegre Chinchilla o la intrincada Baboon convencieron a un público que quizá no era el más sencillo dada la diferencia estilista con Yindi Halda y Oceansize. Muy recomendables.

Pero vayamos a los verdaderos protagonistas de la noche, que subieron a escena con la artillería pesada, una desafiante y ensordecedora Part Cardiac que quería dejar claro quién “mandaba” esa noche. Mike Vennart ofreció con ella su registro vocal más duro y siniestro, gritando y tocando con toda la rabia del mundo mientras se convulsionaba envuelto en cegadoras ráfagas de luz blanca, arropado por una sesión rítmica densa y oscura como pocas.

Hubo algo en la manera en que los miembros del grupo se volcaron por completo desde el segundo cero con ese primer tema, simplemente se empezó a notar en el ambiente que iba a ser una noche de esas que se recuerdan toda la vida.

Tras ese comienzo brutal no nos dieron un respiro y descargaron uno de los puntos álgidos de su nuevo álbum y sin duda del concierto, la espectacular Built Us a Rocket Then…: toda una montaña rusa emocional al más puro estilo Oceansize en la que brillaron las guitarras, los coros casi angelicales de Steve Durose y el trabajo impecable a la batería de Mark Heron, que dió una demostración de su dominio total del instrumento con unos ritmos tan cálidos como inmediatos y desenfrenados.

Si alguien esperaba un descanso tras esta bomba se equivocaba, porque acabaron de dejarnos exhaustos rematando el inicio del concierto con Unfamiliar, tema del álbum Frames, que acabó de convencer a los rezagados para que empezaran a moverse llevados por ese toque inmediato y agresivo a la vez que la caracteriza.

Como remedio para que no se nos saliera el corazón por la boca llegó New Pin, toda una sorpresa en su nuevo setlist. Hacía mucho tiempo que no incluían en sus giras este tranquilo y atmosférico tema de su segundo disco.