Crónica
Crónica del Festival de Música Independiente de Zaragoza FIZ 2007
Texto y fotos
Crónica por Alex
Dos carpas y, al lado, una feria tradicional -noria incluida- donde los churros con chocolate ya anticipan que será una larga velada. Inicio de las Fiestas de la ciudad, y un festival independiente como excusa para asistir a un recinto ferial alejado del centro.
Tras la zona de acceso, el mundo interior de la carpa, la antigua visión circense traducida a amplificadores, música y pantallas, zonas de comida, zonas de bebida. Y en las carpas, la contradicción de las dualidades que siempre se dan en estos festivales: la intimidad de un entorno cubierto enfrentada a la presencia masiva de asistentes, los fanáticos de bandas en concreto frente a los que asisten sólo porque sí…
Con un cartel llamativo y ganchos comerciales (dirán lo que sea, pero cuesta trabajo ver a Travis como un representante de la música independiente y no como la cabeza de cartel que justifica la venta de la sesión) y con dos carpas vecinas separadas por la zona de servicios, el FIZ en su edición 2007 ha logrado reunir perfiles distintos en lo musical, y ha ofrecido una mezcla peculiar de géneros y de orden en la programación.
Los nombres más grandes del cartel van al inicio, y arranca la programación de la carpa principal y su propuesta: abre Spiritualized Acoustic Mainlines, con un Jason Pierce que no se mueve nunca de su sitio, que no habla nada y que nos da un recital con cuerdas, coro gospel y guitarra. Inicio deslucido, gente a cuenta-gotas.
Una hora y cuarto, sólo los verdaderos fans de Spaceman se acercan al estrado, y se mecen (y arrullan) con la serie de cantos que para el oído menos entrenado, suenan quizás a una misma canción muy muy larga. Demasiado independiente para ciertos gustos, la gente que busca coca-colas y similares sirve como indicador de que se necesita más ritmo, un cambio de género, y más volumen.
Es turno de Travis, problemas de audio incluidos, pero la gente lo agradece, y es obvio que se trata de la verdadera causa por la que la gente ha venido en este lapso horario: además de los eternos y omnipresentes jóvenes que están sólo por estar (y que al buscar pizzas y refrescos demuestran que para ellos la música en vivo es sólo como poner el iPod a todo volumen, y que da un poco lo mismo quien esté pues ellos esperan a sus colegas, no al grupo en el escenario), están los que gritan y corean todas las estrofas, saltando y cantando como si su vida dependiese de ello.
Travis tiene, claramente, adrenalina contagiosa y necesaria para recuperar el ritmo y mover un poco la noche. Cambio, y ahora toca más fiesta y un tono más sensual: las Nancys Rubias son el telonero de Fangoria, baile complemento, triángulo y bikini incluidos, con todo y la guitarra que recuerda a otra década (la diferencia está más en la cara de Hello Kitty que en el rostro a lo The Cure) y un ritmo que crece.
Los sitios están llenos por completo, tras la reubicación de los que han tenido suficiente con el pop del bloque anterior, y ahora toca a las Nancys. Sus seguidores no fallan tampoco, todo se corea y todo se baila y se salta, lo que deja más que listo todo para Fangoria.
Travestismo en vestidos con bailes explosivos, el público gritando hasta no poder más, y la carpa tiene vida propia, fango propio, ritmo propio. El Festival FIZ sigue, los principales nombres han cumplido, y es hora de seguir, de buscar significado a los movimientos entre-carpas, de buscar los servicios, de cambiar euros por fichas para la coca-cola, de buscar alimentos para seguir y aguantar la noche.
Es oficial, las Fiestas de Zaragoza han comenzado, y con buen pie.
