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Crónica

SEP 24 2007

Crónica del concierto de Travis en Zaragoza FIZ 2007

Travis · Fábrica Damm · Zaragoza

Texto y fotos

Crónica por Alex

Fotografía: Alex

Zaragoza. Pabellón de fiestas en el recinto de Valdespartera. 6 de octubre del 2007. Expectación. El reloj marca ya la hora de inicio, las luces se apagan y, tras un falso comienzo que obliga a repetir la entrada, Fran, Dougie y Andy están al frente del estrado: Travis y su «Selfish Jean» a todo gas en los altavoces, las luces bajas en un escenario sencillo sin parafernalia, y la audiencia inicia su camino: el trance al suave mundo del «britpop», ese sitio donde todo es regocijo, todo se corea, todo se celebra, y todos esperan la cada vez más larga serie de éxitos para cantar y disfrutar.

La carpa uno del Festival FIZ 2007 aloja a la banda que dio pie a que el mundo entero se rindiera al género del pop británico y su acústica sencillez rítmica y, durante poco más de una hora, nos ofrece una parada más de la banda escocesa en la gira de promoción de su más reciente producción, The Boy with No Name (2007, Sony/BMG).

El tiempo, ese tirano de los festivales, obliga a una versión compacta, lo que se traduce en éxito tras éxito y poco espacio para los nuevos “singles”, situación que los fans de Travis agradecen a su modo: cada canción es recibida con más ánimo, y hasta los éxitos más recientes se traducen en aplausos, cantos y festejo inmediato.

Con poco tiempo para tocar, la participación de Fran —líder y vocalista— con el público se reduce a lo mínimo (imposible perder segundos presentando las canciones o hablando de su origen), pero ayuda la audiencia: es obvio que la mayoría ha venido específicamente para ver a los escoceses, y todo es un no parar de cantar y saltar, al ritmo y alegría contagiosos que salen del estrado, del bajo de Dougie y la guitarra de Andy: «Sing», «Why does it always rain on me?», «Turn», «Flowers in the window», «Closer», «The Beautiful Occupation»… Una noche redonda para los seguidores del pop limpio y sin pretensiones; una breve pero poderosa sesión de ese conocido “Good Feeling”, un momento donde la lluvia que cae sobre uno es sólo la de gusto, la guitarra rítmica y los coros pegajosos.