Crónica
Concierto de Miyavi en Barcelona, Sala Apolo
Texto y fotos
Crónica por Rosario López
Fotografía: Rosario López
Dos años después de su anterior visita a la sala Apolo, Miyavi volvió a la ciudad condal con la consecuente expectación de su gran base de fans de estética influenciada por la Japanese street fashion. A pesar de contar con un aforo más discreto que la última vez que le vimos, la noche fue toda una sorpresa agradable para quienes sólo esperaban una estética arriesgada y los tópicos del J-pop.
La verdad es que nunca le había visto en directo y por las imágenes promocionales y todo el fenómeno fan que le rodea, me esperaba un espectáculo muy centrado en el componente estético, pero el concierto nos sorprendió a propios y extraños por una relativamente sobria puesta en escena, que no impidió que el show se sostuviera sin problema gracias a una calidad musical excelente.
La nueva propuesta musical de Miyavi en esta gira, What’s My Name? es en apariencia tan sencilla como arriesgada: si en anteriores giras se había arropado por una amplia banda con los mejores instrumentalistas, en esta ocasión ha reducido la ecuación al mínimo, basando su nuevo disco en baterías (a cargo de Bobo, su único acompañante sobre el escenario) y guitarra y voz. Y que nadie se engañe, eso es lo único que necesitó Miyavi para ofrecer un tremendo concierto, en el que se pasó de un estilo a otro con total naturalidad y una coherencia inusitada.
También su imagen resultaba más sencilla de lo esperado: vestido completamente de negro y con deportivas, dejando adivinar apenas sus míticos tatuajes en pecho y brazos.
La noche empezó a por todas, con un trallazo de música frenéticamente rítmica y agresiva como es Survive , con la característica mezcla de letras en japonés intercalada con frases en inglés que le caracteriza, mientras Miyavi ofrecía también todo un espectáculo en sí mismo, moviéndose con una energía incontenible de un lado a otro del escenario, saltando y gritando como si fuera la última canción que fuera a cantar en la vida.
Las primeras filas, enloquecidas, gritaban enfervorizadas siguiendo cada movimiento de pelo y cada provocación, dejándose llevar por las rapidísimas notas que salían de la Gibson incansable de su ídolo.
Con este primer tema y el siguiente Unbreakable el buen hacer de la percusión de Bobo y el virtuosismo que Miyavi demostró a las pedaleras y a las cinco cuerdas, conseguían defender sus temas con uñas y dientes y hacer que sólo ellos dos llegaran a desatar una intensidad en directo más propia de grupos como NIN o incluso Nirvana.
No todo el concierto sostuvo las mismas dosis de violencia sonora y actitud salvaje; hubo lugar para momentos más tranquilos y reflexivos como la desgarrada balada Gravity , precedida por un minuto de silencio y unas frases en recuerdo a las víctimas y afectados por el reciente terremoto y tsunami en Japón (por cierto, hay que destacar la loable iniciativa de aprovechar el evento para recaudar fondos para Cruz Roja para ayudar a los damnificados por la catástrofe natural).
En definitiva, tanto en los momentos más pausados, con Miyavi a la guitarra acústica, como en los más bailables, como Futuristic Love , Torture o Universe , lo que vimos fue un concierto valiente y honesto, con buen ritmo y grandes canciones.
Como reflexión final, en mi opinión este artista merece llegar a ser conocido por más gente: su propuesta actual tiene potencial para atraer a un público muy hetereogéneo, y gustará tanto a fans del virtuosismo de Satriani y Gilbert como a seguidores del industrial, del punk y del metal, aparte de la base de fans del J-rock con la que ya cuenta.
Si en su próxima visita consigue librarse de los absurdos prejuicios que para algunos entraña su look visual kei, sin duda volverá a llenar la sala Apolo como ya hizo en anteriores giras.
Galería
Fotos de Rosario López
