Crónica
Crónica de Battles en Apolo, Barcelona
Texto y fotos
Crónica por Oscar Caselles
Fotografía: Rosario López
Battles montó una fiesta considerable el pasado miércoles 30 de noviembre en la sala Apolo de Barcelona. Tras sus visitas anteriores, entre ellas dos al Primavera Sound, ya se comenzaba a echar de menos el poder disfrutar de su intensidad en una sala como dios manda. Desde el inicio de las inquietantes notas del tema titulado «Africastle» que forma parte de su último disco Gloss Drop, se comenzaba a palpar en el ambiente que iba a ser una velada memorable.
Durante todo el concierto estuvieron apoyados por dos pantallas de vídeo rectangulares a modo de columnas con las que dispararon luces cálidas o frías dependiendo de lo que querían transmitir en cada tema. El multiinstrumentista Ian Williams, ataviado con un mostacho a lo capitán Custer, se dedicó a mover sus dedos compulsivamente tanto por sus dos teclados como por su guitarra. Se le podría definir como el típico músico que hace fácil lo que solo está al alcance de muy pocos elegidos.
El guitarrista y bajista Dave Konopka se mantuvo más en un segundo plano, encargándose de apoyar de vez en cuando al batería John Stainer en los cambios de vueltas de algunas canciones. Eso sí, por muchas veces que vea en directo a esta banda, un servidor no acaba de entender cómo su batería puede integrar tan fácilmente en el desarrollo de sus ritmos ese crash fuera de la órbita terrestre que tanto le caracteriza.
Tal como ya vimos en su reciente actuación en el PS2011, fue todo un acierto disparar las imágenes enlatadas de los cantantes invitados en sus nuevos temas como el caso de «Sweetie & Shag» (Kazu Makino), «Ice Cream» (Matías Aguayo) o «My Machines» (Gary Numan).
Esta vez le dieron una vuelta de rosca más, simulando que un video DJ se encargaba de mezclar en vivo la imagen y sonido, con lo que el resultado final del experimento visual era de traca.
Fue un subidón total el poder volver a disfrutar en directo de temazos como «Atlas» o «Tonto», con los que consiguieron un big bang colectivo de luz y color totalmente explosivo. Se les notó muy cómodos en su nueva andadura musical sin su excompañero Tyondai Braxton.
Y es que en esta nueva etapa a los de NY se les percibe menos preocupados por las matemáticas y mucho más por transmitir calidez y vitalidad a su propuesta. Un ejemplo de esto son temas como «Wall Street» o «Ice Cream», que sonó lasciva y grotescamente maravillosa.
La repetitiva «Inchworm» y la contundente «My Machines» dieron paso a un breve bis en el que el batería desapareció del escenario y mientras tanto el señor Williams, evidenciando un puntillo muy gracioso, nos dirigió unas palabras de agradecimiento, recordando sus conciertos anteriores en la ciudad y la grabación del genial vídeo «Ice Cream».
Los temas «Futura» y «Sundome» fueron los elegidos para cerrar una noche de celebración del gran milagro que es estar vivo.
Galería
Fotos de Rosario López
