Crónica
Concierto de Neurosis y Karma to Burn en Barcelona, Sala Apolo
Texto y fotos
Crónica por Rosario López
Fotografía: Rosario López
Karma to Burn fueron los encargados de abrir la velada el pasado jueves en Apolo. El stoner/sludge rock de este veterano power trío de West Virginia sonó como un verdadero cañón de principio a fin. Nos presentaron su quinto trabajo de estudio titulado V, y desde su reunificación en 2009 cuentan en sus filas con William Mecum a la guitarra, Rich Mullins al bajo y al estrambótico Rob Oswald a la batería. Sonido añejo mezclado con toques modernos que consiguen hacer mover los cuellos a la primera de cambio. A destacar al batería de la banda con estética entre un profeta y un homeless y la configuración altísima de su kit (la timbala y los platos por las nubes) que le obligaba a utilizar una técnica de ejecución al límite de lo imposible.
Genial aperitivo para lo que llegaría más tarde, y es que estábamos a punto de presenciar la vuelta a los escenarios de los míticos Neurosis a Barcelona. Hacía 13 años que no nos visitaban (la vez anterior fue nada menos que en la minúscula Sala Garatge) y por suerte para todos los amantes del género la promotora TBC nos los ha servido en bandeja. A priori, los afortunados que habíamos podido verlos en el pasado a base de viajar nos hacíamos una idea de que la velada iba a ser memorable, pero no imaginaba hasta qué punto. El único componente que se había dejado caer hasta ahora por estas tierras había sido su guitarrista Scott Kelly, que nos había visitado hace pocos meses en la sala Rocksound en su faceta más íntima y acústica.
Pero lo vivido esta noche era otra cosa, ya que los de Oakland se encargaron de transportarnos musicalmente a todo un infierno claustrofóbico y cinemático que ni el propio Dante hubiera imaginado jamás. Los 26 años de carrera que llevan a sus espaldas y sus nueve discos de estudio les permiten un control absoluto del mensaje que quieren transmitir, y que ejecutan a la perfección y sin fisura alguna.
Sus proyecciones a cargo del genial Josh Graham (ex Red Sparowes) son una parte muy importante de su show, con ellas consiguen que el espectador centre su atención en los montajes hipnóticos que crean a base de elementos de la naturaleza como animales o paisajes (entre otros), y he de confesar que los que nos ofrecieron para esta gira me dejaron impresionados por su fuerza y efectividad. El set list estuvo formado por temas icónicos de su discografía como «Belief», «End of the Harvest» o «A season in the sky» o los más recientes «Water is not Enough» o «Given to the Rising».
La nota negativa del concierto estuvo en la gran parte del público que no sabía ni a qué concierto habían ido (bastante frecuente por desgracia), y en las partes más tranquilas de algunas canciones el murmullo de risas y conversaciones absurdas superaba en protagonismo a la música. Por suerte, la descarga masiva de decibelios consiguió callar rápidamente tanto moderno. Los guitarristas Scott Kelly y Steve Von Till, con su cara de eternos cabreados, aportaron su mala leche habitual a base de berridos y guitarras monolíticas. El teclista Noah Landis, a la izquierda del escenario, disparaba sus pregrabados a base de golpes de puño y movimientos espasmódicos. El bajista Dave Edwardson no paró de moverse y gesticular como si fuera un dibujo animado a lo largo del largo show de casi 2 horas de duración. El final apoteósico a cargo de «Through Silver and Blood» y el timbaléo a cargo de sus guitarristas se completó con los cabezazos al micro de Scott Kelly con el que consiguió abrirse una brecha en la frente y de la que emanó sangre a borbotones. Perfección en estado puro.
Galería
Fotos de Rosario López
