Crónica
The Buzzcocks en Barcelona
Texto y fotos
Crónica por Jose Cornide
Fotografía: Jose Cornide
En noches como esta uno desea haber vivido otra época, más o menos en la época que The Buzzcocks eran jóvenes, sacaban discos y hacían giras con ellos. Porque si ahora, treinta años después, tienen un directo como el que demostraron en Barcelona, verlos en aquella época tenía que ser algo para recordar toda la vida.
Hora y media estuvieron en escena y no dieron tregua, uno tras otro fueron cayendo no menos de treinta temas. Steve Diggle llevaba de vez en cuando un enorme vaso de plástico con champán, del que no llegó a beber ni media botella, saludaba al público, saltaba, hacía el torbellino…
Poco a poco, sobre todo a partir de «Ever fallen in love» el ambiente se fue caldeando: saltos, empujones, alguna que otra invasión de escenario y hasta un beso a, como no, Diggle. Con «Late for the train» terminaron la primera parte del concierto, auténtica ametralladora de trallazos que poco importaba que en las primeras filas apenas se oyeran sus voces o algunos temas resultaran irreconocibles.
En los bises mejoró bastante (tal vez porque me moví hacia la mesa de sonido donde el sonido siempre suele ser más agradecido) y también reservaron «Orgasm addict», «What do I get», «No shit» y «Promises». Sonaron antes de que Diggle terminara el concierto cantando «Harmony in my head». Al final siguió saludando y terminó en el medio del público patas arriba, cuando consiguió volver a subir al escenario tenía la camiseta hecha jirones.
Noventa minutos de adrenalina pura, no sé por qué tengo ganas de romper algo.
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